Por Vicente Quijada
7 junio, 2018

El talentoso lateral del Tottenham vivió una serie de fuertes sucesos durante el último año, empezando por la lesión que lo alejó de las canchas durante meses, poniendo en peligro su presencia en Rusia. Pero lo peor pasó durante su rehabilitación: una tragedia y ataques racistas, que terminaron por desatar una fuerte depresión. Inglaterra, eso sí, fue su “salvavidas”.

Como espectadores y fanáticos, a veces sólo nos quedamos con lo que vemos en el césped, conferencias y apariciones públicas, ignorando que, como nosotros, los futbolistas también son personas con agonías y sueños. Y tal como cualquiera, pueden sufrir depresión. Uno de ellos es Danny Rose, el virtuoso lateral del Tottenham que será parte de la selección inglesa en la Copa del Mundo. 

El jugador formado en Leeds no tuvo una buena temporada en los “Spurs, constantemente cortada por las lesiones, y en la que jugó sólo 17 encuentros. “No es un secreto para nadie, yo he pasado un período difícil con el Tottenham esta temporada”, inició su confesión el futbolista, en conversación con The Independent.

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Rose se lesionó los ligamentos de la rodilla en enero del 2017 y pasó casi 10 meses fuera de las canchas, para luego volver a recaer en diciembre, volviendo recién a finales de enero de este año. “Todo se derivó de mi lesión en enero del año pasado, cuando me avisaron que no necesitaba una operación. No sé cuántas pastillas tomé para tratar de ponerme en forma para el Tottenham, cuántas inyecciones tuve que probar”, confiesa el lateral. Sin embargo, lo peor vendría durante su recuperación.

“Mi tío se ahorcó mientras yo estaba en rehabilitación, eso también provocó la depresión”, lanzó, generando la sorpresa en el medio por su íntima confesión. Pero, lamentablemente para el jugador de los “Spurs”, no sería lo único que ocurriría. 

“Fuera del terreno de juego, sucedieron otros incidentes: de vuelta a casa en agosto, mi madre fue víctima de insultos racistas en Doncaster -su ciudad natal-. Ella estaba muy enfadada y contrariada, y después, alguien llegó a la casa y casi le disparó a mi hermano en la cara”, relata el futbolista. 

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“Esto me llevó a consultar un psicólogo y me diagnosticó una depresión, lo que nadie sabía”, revela. “No se lo he dicho ni a mi madre ni a mi padre, y ellos probablemente se vayan a enfadar al leerlopero me lo guardé para mí hasta ahora”, declara. Nadie en el medio, hasta ahora, sabía de su problema, en particular porque muchas veces se subestima esta enfermedad en el deporte.

“Me enfadaba mucho, muy rápidamente. No quería trabajar ni hacer mi rehabilitación…”, detalla el futbolista sobre el cuadro depresivo que sufría, el cual le hacía volver a casa “e ir directamente a la cama”.

“Estuve tomando medicamentos durante unos meses; una vez más, nadie lo sabe aparte de mi agente, pero ahora he dejado de tomar el medicamento, ahora estoy bien y estoy ansioso por saber hasta dónde podemos llegar en Rusia”, comenta con optimismo el defensor. Entre idas y vueltas, Rose volvió a las canchas recién en febrero, jugando algunos encuentros de FA Cup, y luego alcanzó a estar en 5 partidos de Premier. En total fueron 8 apariciones en lo que va del año, a las que se suman los 3 amistosos que disputó con su selección en marzo y junio. Porque sí, a pesar de las lesiones, Southgate confía en él.

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“Inglaterra fue mi salvavidas y no puedo agradecérselo lo suficiente al entrenador y al equipo médico”, reflexiona el lateral. “Fue realmente difícil, y ser remitido a un médico y psicólogo por el doctor del Tottenham me ayudó a sobrellevarlo”, analiza, mientras se prepara para afrontar la cita mundial en Rusia. La confesión en sí sorprendió a todos, por su crudeza, y porque es un aporte a la hora de borrar el estigma que cierne sobre las enfermedades de esta índole. Por ello, el príncipe William, presidente de la FA, habló con él y le dijo que estaba “orgulloso”. 

Y no es el único que lo está. ¡Fuerza Danny!

 

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