Por Juan David Montes
5 agosto, 2016

Hay que vivirlo para entenderlo.

Pocas cosas marcan de forma tan profunda la vida de una persona como un tratamiento de ortodoncia. Este tratamiento que tiene como objetivo corregir defectos está, de hecho, lleno de defectos. Puede que el resultado valga la pena pero las torturas a las que deben someterse sus pacientes no son cualquier cosa.

1. Cuando te enteras que se trata de una dieta encubierta.


2. Más vale que tengas bastante cera a la mano.


3. Porque después del tratamiento te espera una vida entera con el retenedor.


4. Un alambre suelto puede ser sádico.


5. Cuando te dabas el lujo de elegir un color para las gomas.


6. Comer era algo hermoso. ERA.


7. Estos elásticos estaban por doquier.


8. Así quedaba tu boca después de tener el abrebocas puesto durante tu cita con el ortodoncista.


9. Así lucían tus porciones de comida después de que te ajustarán los frenillos.


10. En serio, esto podía aparecer en cualquier lugar.


11. Así te ves en las fotos que te tomaron durante esa época.


12. Cuando tu ortodoncista te prohibió la goma de mascar.


13. La imposibilidad de tener un aspecto adulto cuando dejabas ver tus dientes.


14. El sufrimiento de los días posteriores al ajuste de frenillos.


15. La envidia que te daba saber que hay gente en este mundo que nació con una sonrisa perfecta sin tener que usar frenillos.


16. La cara que hacías cuando tu ortodoncista te preguntaba por qué no estabas usando tus elásticos.


17. La sonrisa más linda del mundo.


18. La tentación de darle un bocado a una comida suculenta.


19. Cuando escuchabas a alguien decir que le gustaría tener frenillos.


20. La primera comida después de que te pusieran los frenillos.


21. El dolor de un alambre suelto que amenaza con atravesar la piel interna de tu mejilla.


22. Y la mejor sensación del mundo: tus dientes libres de frenillos.

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