Por Rosario Mena
1 diciembre, 2014

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Cuando imaginamos bailarines de flamenco, es inevitable que lo primero que se nos venga a la cabeza sean faldas con grandes cantidades de tela, y el profundo color rojo de las bocas de quienes bailan. El movimiento de las muñecas acompañado de un fogoso zapateo, y todo esto vinculado a sensuales pasos que muestran toda la soltura del cuerpo de una mujer.

Sin embargo, el fotógrafo Ruyen Afanador nos ha recordado que si de flamenco se trata, los hombre son cualquier cosa excepto un papel secundario. En su nueva publicación, “Ángel Gitano” hace evidente la emoción expresada por los rostros, los impresionantes cuerpos y las perfectas posturas de sus cuerpos masculinos mientras danzan. Desde un voluminoso cabello, hasta un bigote acompañado de frondosos vestidos; los retratos transforman el género en una tradición folclórica.

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El flamenco surgió en lo más profundo de Andalucía, en el sur de España, combina danza y música, un estilo muy influenciado por Romani (gitano) y por la cultura árabe. Existen más de 50 variedades de flamenco, siendo una docena de estos lo más populares hoy en día. A veces se incorporan letras, otras simplemente una guitarra o palmas, mientras los bailarines incorporan microtonalidades.

Históricamente la danza se dividió por géneros, por ejemplo el Farucca destinada solamente a hombres. Pero con el tiempo, los bailarines de flamenco han ido borrando las lineas que enmarcas la danza por género.

«Mil Besos», compilación previa a las fotografías, se concentro en el poder surrealista de la mujer en el flamenco. Casi cinco años después de la publicación de esa obra, realizó este nuevo trabajo enfocado ahora en el hombre. Realizada en Andalucía, las imágenes resultaron eróticas e irreverentes, contrastando el machismo excéntrico de los artistas de mayor edad con la delicada fuerza de los jóvenes. 

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Visto en Ruvenafanador

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