Por Camila Cáceres
13 abril, 2017

¡Siempre lo supe!

Alexey Pajitnov no tenía cómo saber la maravilla de lo que tenía entre manos cuando, en medio de la década de los 80, diseñó un puzzle de formas que caían por la pantalla usando un computador Electronika 60 que había sido utilizado por el Departamento de Defensa ruso. Este programador de la Academia Soviética de Ciencias acababa, sin saberlo, de crear algo que marcaría a su país para siempre.

Pajitnov ahora vive en Washington, Estados Unidos y explica la increíble afición que tenemos con el Tetris con facilidad: “Todos tenemos una necesidad natural de poner el caos en orden. El juego de Tetris satisface ese deseo en un nivel muy básico”.

No es que esté equivocado sobre lo que de alguna forma es su hijo, pero la verdad es mucho más complicada.

No sólo nos permite expresar un instinto, sino que engaña al cerebro al hacerlo “cazar” la victoria de un juego que no tiene real final. No hay forma de “ganar” en el Tetris.

¿Sabías que las piezas se llaman “tetrominos”? En su libro Irresistible: The Rise of Addictive Technology and the Business of Keeping Us Hooked (Irresistible: El alza de la tecnología adictiva y el negocio que nos mantiene enganchados), Adam Alter revela aún más que eso:

“La dificultad del juego es mucho más atrayente que saber que vas a ganar. El juego te permite el corto goce de ver tus lineas formadas antes de desaparecer, dejándote sólo con tus errores. Es en este dulce punto -donde la necesidad de detenerte se derrumba ante la posibilidad de cumplir un objetivo que está a la mano- donde las experiencias adictivas viven”.

Pero no es que todo sea terrible y llevemos años jugando un juego que nos odia: Un estudio publicado por BMC el 2009 descubrió que el Tetris amplifica la eficiencia en áreas del cerebro dedicadas al razonamiento y el pensamiento crítico, y otro llevado a cabo por PLOS ONE y la Universidad de Oxford descubrió que reducía la cantidad de pensamientos intrusivos y flashbacks en personas que viven con desorden post-traumático. 

Otro estudio del 2014 descubrió que jugar Tetris reduce los antojos psicológicos en imagen y frecuencia.

Así que puedes seguir jugando Tetris con tranquilidad, mientras seas capaz de dejarlo.