Por Gillian Armstrong
12 abril, 2017

Tener un día maravilloso o hacerlo tu peor pesadilla, lo decides tú.

Todos tenemos días y buenos y días malos. De repente nos levantamos con el pie izquierdo y cada cosa que nos sucede es un mal juego del destino. Pero por otra parte, también existen esas jornadas en las que todo va bien, los pájaros cantan por todo alrededor, nos felicitan en nuestro trabajo y cuando llegamos a casa vemos que prepararon una exquisita cena.

Cosas de la vida, supongamos. Pero quizás «las cosas de la vida» no son simples casualidades: de hecho, está en nuestro poder el hacer que nos vaya bien o que un día cualquiera sea el peor de nuestros infiernos. Así lo respalda el principio del 90/10, y el escritor Stephen R. Covey hace una muy buena explicación de ello usando simples ejemplos.

Aquí entenderás mejor el por qué del nombre 90/10:

En la vida hay una serie de eventos que no podemos controlar, como el rojo del semáforo, que la comida que pediste llegue fría o cuando te cae excremento de paloma en la cabeza. Sé que si pudieras controlar eso, lo harías.

Pero lo que sí está en nuestras manos es la reacción que tendremos ante lo que nos ocurra. Es así como el restante 90% de las situaciones que nos pasan, son el resultado de nuestra reacción.

Mara Parra

Y así es la historia:

Imagina que estás desayunando con tu familia y tu hija bota la taza de café en toda tu ropa y en esa situación te enojas bastante, le gritas y la reprochas fuertemente. Por otra parte, tu pareja, quien fue la que dejó la taza en ese lugar, también es sermoneada por haber sido tan poco precavida de dejar el café en la orilla de la mesa.

Mientras vas al dormitorio a ponerte un nuevo atuendo, te devuelves y encuentras a tu pequeña llorando. No terminó su desayuno ni se ha alistado para ir a la escuela. Todo Fatal.

El resultado de todo esto es que la chica pierde su autobús y como tu esposa está muy apurada, tú eres quien debe llevarla a la escuela. Infringes las reglas de tránsito y llegas a tu trabajo bastante tarde. Mientras ya tienes claro que tu mañana ha sido una pesadilla, después llegas a tu destino te percatas de que olvidaste unos papeles. Y cuando llegas a tu hogar te encuentras con tu pareja e hija bastante malhumoradas, en medio de un clima tenso para todos.

Ahora llega el momento de ponerte a pensar por qué fue que sucedió todo esto. ¿Fue tu hija la culpable por derramar el café? ¿Fue porque perdió el autobús y tuviste que llevarla a la escuela?, ¿Fue porque el tráfico estaba terrible y llegaste tarde a tu trabajo? O tal vez, bueno, fuiste tú el culpable por la misma reacción que tuviste en el primer momento y que llevó a que éste fuera el desenlace.

Sí, la última opción es la cierta. Tú fuiste quien arruinó el día tanto para ti como para tu familia. Si bien que te hayan derramado el café estaba fuera de tus manos, sí podrías haber reaccionado mejor al respecto y sin decir más ni menos, dirigirte al armario a cambiarte de ropa y se acabó el problema. Pero no fue así. De hecho, todo pudo haber sido diferente.

Mara Parra

Pero ahora demos vuelta las cosas

El mismo café derramado en tu pantalón y tu hija a punto de llorar. Pero en vez de actuar con rabia le dices tranquilamente: «no pasa nada, simplemente intenta tener más cuidado en una próxima vez». Después de eso vas tranquilamente a tu dormitorio, te cambias de ropa y tomas tus cosas para ir a tu trabajo. Cuando vas a la cocina puedes ver a tu hija despidiéndose de ti moviendo su mano tiernamente y entra al bus escolar que todos los días pasa por ella. Te despides de tu esposa, y sales de tu casa. Resultado: llegas a tu trabajo cinco minutos más temprano y saludas a todos muy contento.

Mara Parra

Hay diferencia, ¿no?

Todo empezó muy similar pero terminó de las formas más distintas. Y esto es lo que explica la ley 90/10.

El 10 por ciento de esta historia no dependió de nadie, pero el desenlace fue causado por cada acto que el protagonista hacía intencionalmente y los finales fueron drásticamente diferentes.

Si alguien te adeñanta mientas estás en la autopista, no te preocupes, sigue con tu día normal y no dejes que un apresurado sujeto te afecte. Todo está en ti. 

Cuando tu vuelo se retrase y necesites llegar con urgencia a tu destino, no te sulfures con los trabajadores, ellos no tiene la culpa y podrías hacer que todo termine en un consecuencia peor. Relájate y aprovecha de leer un libro o telefonearte con alguien con quien no hablas hace mucho.

Cada una de tus acciones te lleva a una situación distinta. Cuando te encuentres en aprietos que no tengan solución, recuerda siempre la regla 90/10 y verás cómo te darás cuenta de que el control lo tienes tú.  

 

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