Por Vicente Quijada
9 febrero, 2018

El can tampoco titubeó y corrió a langüetearla.

Hay amores que son para toda la vida. Que sin importar cuánto tiempo pase, las circunstancias de la separación o los kilómetros entre medio, siempre estará ahí y se reactivará, como si fuera la primera vez, ante la más mínima mirada. Y no, no estoy hablando del idílico amor de pareja, si no que el de nuestras mascotas.

Nicole Grimes, una mujer de Pensilvania, fue a adoptar a una perrita de 11 años, cuando notó que esta corría hacía ella y la lamía como si se conocieran desde siempre.

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Era Chloe -sí, incluso mantuvo el nombre-, la mascota que la misma Nicole tuvo cuando pequeña, y que al ser una molestia para su padre que trabajaba y tenía reuniones en el hogar, debieron dar en adopción.

Además del parecido que tenía con el recuerdo que guardaba de ella, y que fue la razón para adoptarla en esta segunda oportunidad, habían razones para confirmar que era la misma perrita. El esposo de Nicole, aún escéptico, pidió que revisarán su microchip. 

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Y, según BBC, allí notaron que Chloe había sido entregada hace 7 años, por lo cual los tiempos calzaban. «No podíamos creerlo. Es simplemente una locura», se desahogaba Nicole.

La perrita le fue regalada cuando pequeña por su abuela, quien falleció hace un tiempo. Por ello, el haberse reunido con su querida Chloe será una gran ayuda para su proceso de luto, según contó. 

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Chloe ahora tiene una nueva amiga, Violet, la hija de 4 meses de Nicole. Los tiempos cambian, pero el amor queda.

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