Por Lucas Rodríguez
31 marzo, 2020

Pareciera que lo más cruel de esta pandemia, es todo el daño que le podemos hacer a nuestras personas favoritas por solo estar con ellas.

Cuando se declaró que el coronavirus había alcanzado el status de pandemia, muy pocos de nosotros supimos qué pensar realmente. Es la primera vez en nuestras vidas que nos vimos expuestos a algo de esta clase. Solo los con más años en el cuerpo de entre nosotros puede que hayan vivido una situación similar; dentro de ellos, puede que haya un par, en su mayoría emigrantes europeos, que les haya tocado vivir algo de la segunda guerra mundial. Hace tanto tiempo que el mundo estaba estable, que ese es el evento más cercano con el que podemos comparar la situación actual. 

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Consultar la experiencia de estas personas, que incluso si no estuvieron en alguno de los países donde ese horroroso conflicto armado tuvo lugar, estuvieron vivos los años en que esta ocurría, sería fundamental para saber qué hacer y cómo prepararnos para una crisis de esta clase. Pero el coronavirus nos ha forzado a tomar una decisión que no sabíamos podía llegar a ser tan dura: alejarnos de nuestros abuelos. Incluso si es que nos hemos visto en la situación de enfrentarnos a nuestros padres por una razón u otra, nuestros abuelos siempre han estado ahí para nosotros. Son nuestros fans infalibles, los que siempre nos apoyarán, sin importar lo que hagamos o qué tan difícil se ponga la situación.

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Una de las primeras características de las que los expertos nos advirtieron a medida que el covid-19 se esparcía por el mundo, era que los ancianos eran la población que se encontraba en mayor riesgo. Siendo una enfermedad respiratoria, tiende a atacar a quienes ya tiene un par más gastado. Otro de sus objetivos favoritos son las personas con obesidad o problemas respiratorios: en muchos casos, las personas de edad avanzada suelen acumular todas estas características. 

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La ordenanza para prevenir situaciones catastróficas fue solo una: todas las personas más jóvenes, y por ende, activas, debían alejarse todo lo que pudieran de los adultos mayores. Por primera vez en nuestras vidas, no podremos visitar a nuestros abuelos.

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Es muy probable que estés sintiendo la falta de contacto con ellos. El cariño que nos ofrecen no puede ser reemplazado por nada; ni siquiera, una imagen borrosa de ellos mismos en el computador o smartphone. Pero la parte más devastadora, es pensar en ellos. En muchos casos son jubilados sin demasiado que hacer. Las visitas de sus hijos, y especialmente las de sus nietos, suelen ser el momento más feliz de sus semanas.

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Todo esto vuelve muy tentadora la idea de romper la cuarentena y tomar el riesgo en nuestras manos. Mejor arriesgar una infección a mantenerlos así de tristes. Pero esa lógica es herrada: si nos dejamos llevar por las emociones, podemos terminar pagándolo muy caro. No solo nosotros, sino que podemos incluso llegar a ser quienes le causemos una compleja infección a nuestros abuelos. Por esto es que debemos hacer caso y quedarnos en los hogares.

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El cariño que sentimos por nuestros abuelos, así como el que ellos sienten por nosotros, ni se compara al deseo de volver a vernos sanos y salvos.

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