Por Antonio Rosselot
24 enero, 2020

Ahora puedes piropear y guiñarle un ojo a ese compañero o compañera y justificarlo por «estar preocupado/a de su salud». Total, uno sólo quiere hacer el bien…

De acuerdo a las normas convencionales de las empresas, éstas generalmente no recomiendan las relaciones amorosas entre sus trabajadores. Y la verdad es que puede ser genial en un comienzo, con esas miraditas compartidas y de reojo que cruzan la oficina, y escaparse a las escaleras del edificio para repartirse unos cuantos besos, entre otras cosas.

Love Panky

Pero también puede ser la perdición: en caso de que la aventura termine mal, tendrás que aguantar ver a la otra persona todos los días de la semana y también hay una alta probabilidad de que alguno de los dos colapse y comience una vergonzosa pelea en la oficina, lo que nadie quiere presenciar.

Sin embargo, la parte del coqueteo siempre es la más entretenida, e incluso podría ser beneficiosa para nuestra salud, tal como lo revela un reciente estudio conducido por la Escuela de Negocios de la Washington State University.

Slism

Los investigadores, provenientes de Canadá, Estados Unidos y los Países Bajos, encuestaron a trabajadores de todo el mundo y les preguntaron sobre su experiencia con las relaciones en el trabajo, las que incluyen cumplidos, coqueteos, bromas e insinuaciones.

El equipo de investigadores concluyó que ser la persona receptora de estos coqueteos puede significar un alivio de su estrés y un aumento de su grado de felicidad en el trabajo.

«Siempre hay algo de coqueteo sucediendo, y es bastante benigno. Incluso cuando algunos de los participantes de nuestro estudio rechazaron esta conducta, no llegó al umbral de acoso sexual. No produjo niveles más altos de estrés, así que es un espacio conceptual muy distinto».

Leah Sheppard, coautora del estudio

Career Addict

Por otra parte, si bien los empleados disfrutan estos pequeños coqueteos, cumplidos y miradas en su espacio de trabajo, no es así para quienes tienen cargos más altos. Según Sheppard, los resultados indican que los jefes deberían encontrar un balance, evitando las políticas estrictas de conducta sexual social, pero sin promoverlas ni involucrándose en ellas.

«Los jefes deben ser cautelosos si se involucran en el flirteo, especialmente con alguien de menor rango en la empresa. Apenas se muestra una diferencia de poder, el/la jefe/a se arriesga a entrar al dominio de lo que se consideraría como acoso sexual».

Leah Sheppard, coautora del estudio

Bustle

Así que ya saben, picarones y picaronas: ¡una miradita, un guiño o un coqueteo respetuoso nos puede ayudar a todos!

Puede interesarte