Por Pamela Silva
6 noviembre, 2018

Voy a llamar a mi mamá, permiso.

Cuando dejamos de vivir con nuestras mamás y no la tenemos tan cerca cada vez que nos pasa algo malo, es cuando más las extrañamos. Lo único que queremos es llegar a casa, que nos de un abrazo para sentir que el mundo no es tan malo como pensamos y que todo tiene solución.

Pero no siempre podemos abrazarla, así que nos tenemos que contentar con una llamada telefónica.

Lo cual puede parecer una frialdad muy grande, pero la verdad es que todos nos sentimos mil veces mejor después de que hablamos con ellas por teléfono, aunque sea por un momento corto.

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Y no es que sea asunto tuyo o te conformes con poco, porque un estudio realizado por la Universidad de Chicago en Estados Unidos reveló que hablar por teléfono con nuestras mamás nos genera la misma sensación que un abrazo de ellas.

Para llegar a esta conclusión los investigadores analizaron el comportamiento de niñas entre 7 y 12 años, sometiéndolas a una situación de estrés intenso en la cual debían responder en una prueba de álgebra en público.

Luego las separaron en tres grupos: uno recibió una llamada telefónica de sus madres, el segundo un abrazo de ellas y el tercero vio una película emocionalmente neutra.

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Los dos primeros grupos experimentaron un aumento idéntico del nivel de oxitocina, la “hormona de la felicidad” que actúa como sedante natural que contrarresta los efectos del cortisol, la hormona del estrés.

En el tercer grupo, la oxitocina no sufrió cambios.

Así que no es que seas una persona muy sentimental, está en tu biología sentirte mejor cuando hablas con tu mamá por teléfono (aunque tengo la impresión, de que eso ya lo sabían).

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