Por Francisco Armanet
11 octubre, 2016

¿Los habrías descubierto con esa peluca y bigotes?

Es un nuevo día en Amsterdam, Holanda. Los transeúntes salen a la calle a disfrutar de una mañana de sol espléndido. Hace ya casi una semana que la ciudad sólo veía nubes en el cielo y nadie quiere perderse el calor que aparece como un regalo poco frecuente. Turistas, residentes, vendedores ambulantes, hombres, mujeres y niños: todos ellos pasean tranquilamente por la capital del país europeo. Justin Bieber, aún en la pieza de su hotel, mira desde la ventana y odia al sol por haberse aparecido.

-Maldito sol. -Se queja en voz baja. -Era mejor cuando te quedabas tras las nubes y mis fanáticos permanecían en sus casas. ¿Qué haré ahora para salir a pasear tranquilamente?

El cantante apoya un brazo en el marco del vidrio e inclina la cabeza, como sufriendo la peor desgracia de su vida.

-Recuerda, Justin… Hay cosas peores que esta. -Se dice a sí mismo.

De pronto, cuando ya la multitud reinaba en las calles iluminadas completamente por el sol, Bieber recuerda la peluca y los bigotes falsos que traía en su maletín.

-Oh, Dios, ¡he encontrado la solución a todos mis problemas! -Piensa, y de inmediato corre para disfrazarse.

-Esto funcionará perfectamente. -Se dice mientras fija la peluca sobre su cabeza. Luego toma el bigote, le unta un poco de pegamento y lo coloca entre su nariz y la boca. Recién ahí, comienza a sonreír. Se siente mejor y cree que puede perdonar al sol por haberle arruinado la mañana.

Entonces, ya más tranquilo, camina al baño y se mira en el espejo.

-Qué bien me veo. -Piensa. -Así nadie nunca me reconocerá.

Bieber se termina de vestir, baja por el ascensor cantando suavemente la última canción que acababa de componer, e irrumpe como un trompo en las calles de la ciudad.

Camina con displicencia, como si nadie lo conociera. Pero no pasa mucho hasta que la gente comienza a acercársele.

-Oh, ¿Puede esto realmente estar pasando? ¡Eres Justin Bieber! -Le dice una chica y, acto seguido, comienza a fotografiarlo.

Bieber trata de arrancar, pero ya es muy tarde.

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¡Que bigote tan real, Bieber!

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Minutos más tarde, cuando el chico se dio cuenta que su disfraz no estaba funcionando como él había pensado en un principio, decidió regresar al hotel y subir nuevamente a su habitación.

-¡Maldición! -pensó, lamentándose por todo lo ocurrido. Luego bajó la cortina y el sol dejó de colarse por la ventana. Se sacó el bigote y la peluca y se echó sobre la cama, fastidiado. Las fotos que le tomaron en la calle, sin embargo, ya no podían borrarse.

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¿Qué opinas sobre este «disfraz» de Justin Bieber? ¿Lo habrías reconocido?

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