Por Pamela Silva
4 marzo, 2019

¿En serio todavía quieren ser mamás? Porque yo lo acabo de agregar a mi lista de mil razones para no serlo 😂

Nunca he sido madre así que de este tema no puedo hablar de primera fuente, pero conociendo las experiencias de conocidos, amigos y familiares que han decidido traer un nuevo ser humano a este mundo tengo algo claro: los primeros meses, no se duerme mucho.

O al menos, eso creía yo. Que solo dormían poco los primeros meses después de tener al primer bebé.

Pero resulta que no es así: Un estudio de la Universidad de Warwick reveló que los padres primerizos recién recuperan su calidad de sueño pre-bebé después de seis años de que el pequeño nace.

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Sí, seis años. Seis años completos, no seis meses, seis años. SEIS AÑOS, ¿Estamos todos entendiendo la cantidad de años que son seis? Muchos, si me preguntan. Demasiados.

Y como todo puede empeorar, la calidad de sueño de las madres es aún peor que la de los padres porque las mujeres siempre sufrimos más en este mundo que los hombres.

El estudio analizaron los hábitos de sueño de 4.659 padres que tuvieron hijos durante 2008 y 2015, con entrevistas anuales en la cual las parejas explicaban cómo eran sus hábitos de sueño.

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El estudio reveló que durante los primeros tres meses de nacido el bebé los padres duermen en promedio 1 hora menos de lo que acostumbraban, mientras que con el pasar de los años ese número disminuye a 15 minutos menos por noche.

Lo cual podrían pensar que no es tanto, pero la verdad es que no deja de ser impactante que tras seis años con un primer hijo el sueño no se regule a como era antes de tenerlo.

“Aunque tener hijos es una fuente importante de alegría para la mayoría de los padres, es posible que el aumento de las demandas y las responsabilidades asociadas con el papel del padre conduzcan a un sueño más corto y disminución de la calidad del sueño incluso hasta seis años después del nacimiento del primer hijo”. 

-Dra. Sakari Lemola, del Departamento de Psicología de la Universidad de Warwick.

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Así que no se

No sé ustedes, pero este estudio se va directo a mi lista eterna de razones por las cuales no quiero ser madre.

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