Por Lucas Rodríguez
15 mayo, 2020

Con solo una buena respiración y un poco de imaginación, tendrás mejoras enormes en la calidad y profundidad de tu sueño.

Es probable que existan pocas cosas más frustrantes que saber que tenemos que hacer algo, pero que el mismo mandato de hacerlo o triunfar en ello sea lo que nos prevenga de lograrlo. La mejor manera de ilustrar esto, es ese momento por el que todos hemos pasado: tienes una reunión muy importante en el trabajo el día que viene. Sabes que tienes que estar descansado, tranquilo. Ya te preparaste todo lo que es posible. Estudiaste tus temas. Sabes las palabras que dirás.

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Pero el simple hecho de saber que lo mejor que puedes hacer por ti mismo es darte una buena noche de sueño, está evitando que te quedes dormido. Es el peor de los casos: saber que debes hacer algo correctamente es lo que impide que lo hagas. Algunos van por malos caminos para solucionarlo: comienzan a tomar pastillas para dormir. Estas puede que te ocasionen el sueño, pero lo harán a costa de otros procesos que son parte de tu cuerpo.

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Si esto no mejora, puede que termines por producirte un muy peligroso cuadro de insomnio. Este es un trastorno en el que no consigues pegar ojo en días completos. Si alguna vez has pasado por algo así, sabrás lo difícil que es ser un ser humano funcional cuando apenas has dormido un par de minutos. 

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Si lo piensas, hay gente cuya situación nos daría para pensar que no harían más que sufrir de esta horrible situación. Los militares que están en misiones en tierras hostiles deben estar en primer lugar en esto. Aunque te suene increíble, ellos consiguen dormir. ¿Cómo lo hacen? Pues tienen una técnica, que te enseñaremos a continuación.

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El primer paso es acostarte sobre tu espalda y cerrar los ojos. Comienza por relajar los músculos de tu rostro. Luego sigue con el resto de tu cuerpo. Concéntrate en normalizar tu respiración: inspira y bota de manera profunda por 10 segundos. 

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Una vez hayas hechos eso, viene la parte entretenida. Usando tu imaginación, te situarás en una canoa que flota lentamente por un río. A tu alrededor no hay más que cielos azules. Terminada esta imagen, pasa a imaginarte durmiendo en una hamaca dentro de una habitación completamente oscura. Luego de estar un tiempo en esta, viene la última fase: repite para ti mismo la frase “no pienses”.

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Si no tiene éxito inmediato, no pierdas esperanza. Es una táctica que se va desarrollando de a poco. Una vez ya la hayas dominado, conseguirás quedarte dormido con la misma facilidad con la que la hace un soldado que teme oír un bombazo a dos metros de su tienda de campaña. Si ellos pueden en esas condiciones, tú en tu cómoda cama con plumones de seda, también. 

 

 

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