Por Camila Cáceres
28 septiembre, 2017

“Me temblaban las piernas, pero logré levantarme y salir”, dijo Hillary.

Hemos dado grandes pasos para estar más cerca de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, pero todavía nos falta para realmente decir que estamos realmente en una sociedad equitativa. Basta mirar a los gobiernos y contar cabezas. ¿Cuántas mujeres hay en cada sala? ¿Cuántas son senadoras? ¿Cuántas han llegado a ser líderes de una nación entera?

Muchos aún dicen, “¡ah, pero es porque las mujeres no buscan esos cargos!” 

Cuando era muy pequeña y no tenía mente para las matemáticas, un profesor me dijo, “no te preocupes. Las mujeres son peores con los números y mejores en las letras”. Para cuando descubrí que el álgebra es apasionante (totalmente por accidente), ya me había encaminado hacia la literatura y aunque amé mi vida académica, no puedo evitar preguntarme cuántas otras niñas siguen el mismo desvío. Peor aún, cuantas tenían un real talento para las ciencias y las matemáticas, pero perdieron el interés gracias a este tipo de “casuales” comentarios.

Y existen muchas mujeres en el mundo que experimentan sexismo de formas muchísimo más violentas.

Hillary Clinton se refirió recientemente a uno de estos incidentes. 

Sea cual sea tu opinión de los Clinton, Hillary es una mujer que ha hecho una tremenda carrera política. De hecho, en votos individuales venció a Donald Trump en las presidenciales del 2017 (el sistema estadounidense no se basa en votos individuales, obviamente).

Su carrera se remonta varias décadas y el hecho en particular que compartió ocurrió en 1976, cuando trabajaba para la campaña presidencial de Jimmy Carter.

En ese entonces, Hillary organizó una cena con los hombres a cargo de la campaña en la calle y pronto se dio cuenta de que era la única mujer en la mesa y que, encima, nadie parecía querer responder a sus preguntas:

“No me contestaban nada específico así que continué tratando de presionarlos para que me dieran detalles sobre las llamadas, autos, hasta los colgadores en las puertas que pensaban poner en el día de las elecciones. 

De pronto uno de los hombres se empujó por sobre la mesa y me agarró del cuello del suéter. ‘¿Te podrías callar? ¡Dijimos que lo vamos a hacer y lo haremos, y no tenemos porqué darte explicaciones!’ 

Estaba muy asustada. Sabía que él había estado bebiendo y que todos los ojos estaban sobre mí. Mi corazón iba a mil por hora cuando lo miré a la cara, quité sus manos de mi cuello y le dije, ‘primero que nada: no me vuelvas a tocar. Segundo, si fueses tan rápido para contestar mis preguntas como lo eres con tus manos ya tendría la información que necesito para hacer mi trabajo. Así podría dejar de hablar con ustedes— algo que voy a hacer ahora mismo’. 

Me temblaban las piernas, pero logré levantarme y salir.

Así que, sí, he estado tanto tiempo en esto, he enfrentado muchos retos, pero he descubierto que puedes enfrentar la mayoría con un ‘¿Vamos, en serio?’— básicamente diciendo, ‘tienes que estar bromeando. ¿Escuchas lo que estás diciendo?’— y no, ya sabes, acelerándolo, agrandando la confrontación”.

Esta historia fue la respuesta de Hillary Clinton ante la pregunta “¿no te dan ganas a veces de mandar a la mierda a tus adversarios políticos?” en una entrevista para Another Round.

Agregó:

“A veces nada de lo que hagas va a poder evitarlo. A veces quedar en contra de alguien que tiene sus propios problemas. Eso pasa. Quiero decir, cuando llegué a este punto me di cuenta de que había gente que era sencillamente problemática. Y a ese tipo de personas es mejor evitarlas”.

This team has so much to be proud of. Whatever happens tonight, thank you for everything.

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Hillary Clinton, por fortuna, tenía una familia, amigos y experiencia para apoyarse y seguir adelante, pero la cantidad de mujeres en el mundo que no tienen la misma suerte es, francamente, estremecedor.

Está en nosotros darle las mismas oportunidades a las personas que nos rodean.

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