Por Leonardo Granadillo
26 septiembre, 2019

Si no te suman, no permitas que te resten.

Si hay una frase que odio es la de ‘dime con quién andas, y te diré quién eres’, a uno no lo definen las juntas. Si bien hay que reconocer que alguien te puede llegar a influir, eso no puede marcar quién eres. No obstante, a pesar de que algunos tenemos nuestra personalidad bastante marcada para no dejarnos persuadir por nadie, hay cosas que no nos aportan.

Dicen que cuando repiten una mentira más de mil veces se convierte en verdad, y en ocasiones, a nuestro al rededor tenemos personas que no creen en nosotros o que no nos desean bien, y nos terminan perjudicado. No definirán quienes somos, pero si nos repiten que no podemos alcanzar una meta, pueden ayudar a desmotivarnos.

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Todo lo contrario pasa con aquellos que nos desean el bien, nos suman, nos motivan a intentar eso a lo que quizá no nos atrevemos. Soy un creyente de que una familia no la hace la sangre, sino esas personas que han llegado a tu vida para convertirse en alguien valiosa, las que se quedaron cuando las cosas salieron mal, porque por ejemplo, padres que dejaron la casa cuando la cosa estuvo difícil sobran.

Nos debe gustar nuestro ambiente día a día, por ello el ambiente laboral es super importante. Si nos preocupamos por un buen entorno en el trabajo que la mayoría de la veces no los escogemos, ¿cómo no darle la misma importancia a los que elegimos como amigos? o hasta como pareja.

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Dile adiós a toda esa gente (o familia) tóxica, las actitudes son contagiosas y mereces rodearte solamente de los que valgan la pena contagiarte.

La actitud se trabaja diariamente, puedes estar bien arriba y alguien te la puede tirar para abajo, llena esa fortaleza de buenas bases (amigos fieles), para que nada se derrumbe.

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