Por Andrea Araya Moya
6 Enero, 2017

“Lo que puede hacer un hombre, lo puede hacer Violette”.

En plena época del nacionalsocialismo, muchos temían ante el poder y la crueldad de la Gestapo, la policía secreta de la Alemania nazi, la que solía cometer los más grandes crímenes contra sus prisioneros. Muchos de los soldados de esta orden eran hombres, pero había una mujer que los superaba a todos en fuerza y hasta era la soldado más temida de la época.

Violette Morris, una fuerte mujer de origen francés, era la colaboradora nazi más temible del ejército de Hitler. De hecho, se le apodaba “la hiena de la Gestapo”. Violette pasó su adolescencia en un convento hasta que, en 1914, se casó con un hombre. Pero nada de eso duró mucho tiempo, pues a Morris le acomodaba más cumplir otras tareas, como conducir ambulancias, por ejemplo.

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Aún sin separarse de su marido de ese entonces, Violette decidió competir en lanzamiento de peso y disco, además de jugar fútbol. Además hizo waterpolo, natación, boxeo, lucha greco romana y hasta hípica. Sin embargo, su necesidad de ser más fuerte la llevó a extirparse los pechos para caber mejor dentro de los autos de carreras.

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Tiempo después Morris finalmente se liberó y, luego de divorciarse en 1923, decidió comenzar a vestirse como hombre. De hecho, tan fuerte era que muchos aseguraban que no había nada que un hombre hiciera que Violette no pudiese hacer.

Luego de diversos fracasos personales y profesionales, Violette fue contactada por las SS nazis. Los agentes querían que la mujer fuera invitada de honor en la Olimpiada de Berlín de 1936. Ella aceptó y se sometió a los intereses del nazismo. Así fue como se convirtió en la espía más temida de los nazis.

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Sus métodos para interrogar eran brutales y es por eso que se ganó el apodo de “la hiena de la Gestapo”. Su nombre era mundialmente conocido y, sobre todo, para la resistencia francesa, que era perseguida por la Alemania nazi en ese entonces. Todos, sin excepción, querían asesinarla. De hecho, desde Londres se emitió una orden para ejecutar a Violette.

El plan para asesinar a “la hiena” parecía ser perfecto. Una emboscada la esperaba en uno de sus viajes a Beuzeville. Sin embargo, la mujer pasó tan rápido en su Citroën 15 CV que los disparos provenientes de la resistencia francesa no pudieron dar en el blanco. Pero, cuando Violette regresó fue ametrallada y así fue como se terminó la crueldad pura de la Gestapo y como la leyenda de Violette pasó a la historia.

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Era la mujer más temida de la Alemania nazi. Y la más fuerte.

Y la más cruel.

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