Por Lucas Rodríguez
21 noviembre, 2019

Una mala alimentación dañaría el cerebro. Este a su vez, se descargaría con nuestra pobre figura, es lo que señalan científicos mexicanos.

Entre los males modernos, el daño al cuerpo es uno de los más comunes. Con todos los avances en la medicina y el cuidado que hemos desarrollado, parece extraño que aun no hayamos podido poner un freno a la cantidad de gente que sufre de desórdenes alimenticios, los que los llevan a aumentar (o perder, para ambos lados es problemático) de peso drásticamente, llegando a puntos en los que ya todo su organismo comienza a sufrir. Es cierto que las rutinas de vida nos llevan hacia desarrollar estos males: hoy en día, la mayor parte de las personas trabaja en una oficina, en un escritorio, frente a un computador.

Al mismo tiempo, en comparación con épocas anteriores, hoy sabemos más sobre alimentación, dietas, fitness y cuidado de la salud que nunca. Cómo es que no logramos dar con un equilibrio, es una interrogante que siempre nos haremos. Si damos la palabra a la ciencia, puede que nos acerquemos a una respuesta. Eso sí, al dejar todo en manos de personas que ven a un cuerpo humano como algo no distinto a un microbio, hay que estar preparado para resultados que puede que no sean del todo fáciles de conllevar. 

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Descubrimientos recientes, hechos por los científicos mexicanos Ashley Castellanos Jankiewicz, Omar Guzmán Quevedo y Daniela Cota, publicados en la revista Academia Mexicana de las Ciencias, señala que la mala alimentación podría ocasionar un daño mucho más severo del que habíamos creído hasta el momento. Todos sabemos que comer solo chatarra va a convertir nuestro cuerpo en una bodega de grasas y malos componentes. Esto a su vez, va a afectar el funcionamiento de nuestro órganos internos: nuestro corazón y pulmones van a tener que trabajar el doble para cargar con lo que los estamos obligando a soportar. 

El estudio, titulado “El origen de la obesidad ¿está todo en el cerebro?”, señala que la mala alimentación nos golpearía directamente en nuestro cerebro. La dietas de excesivas calorías, cuando no son gastadas (si eres un maratonista o un deportista de alto rendimiento, claramente necesitas comer más) suben hacia el cerebro, impactando las paredes por donde transitan las neuronas.

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Si esto te suena terrible, es porque lo es. Una mala dieta puede llegar a confundir los emisores de señales del cerebro, causando que sus propios sistemas funcionen con problemas. Los sistemas de defensa del cuerpo nos harán creer que necesitamos comer más, cuando en realidad, ya nos encontramos en un exceso. De esto se lee que la obesidad es un problema mucho más grave de lo que se cree.

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Es realmente, una enfermedad tanto física como psicológica.

 

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