Por Daniela Morano
26 abril, 2018

Ya nada la mantiene cerca de sus difuntos padres.

La semana pasada la reina Isabel se vio enfrentada a una de sus pérdidas más duras hasta el momento: la muerte de su preciado corgi Willow, quien guardaba un especial lugar en el corazón de la monarca. Eso es porque Willow era descendiente de Susan, el corgi que la reina recibió de regalo para su cumpleaños número 18 cuando aún era sólo la princesa Elizabeth.

El linaje duró ocho décadas siendo Willow el último y más cercano de todos. El corgi sufría de una enfermedad parecida al cáncer y a los 15 años debió ser sacrificado en el castillo de Windsor, dejando a la reina con el corazón roto.

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Ahora una fuente desde adentro del palacio de Windsor le confirmó a Daily Mail que la reina no planea continuar criando o reproduciendo a sus corgis, ya que la muerte de Willow fue algo así como el final de una era.

Aunque no es el final. La reina tiene otros dos perros, una mezcla entre corgis y salchichas, mejor conocidos como “dorgis”, llamados Vulcan y Candy.

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Otro motivo es que la reina no quiere criar cachorros, quienes tienen demasiada energía y podrían provocar que se tropiece dentro del palacio o el jardín. Además de que no está contenta con la idea de morir y dejar a un cachorro solo.

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Monty Roberts, quien trabaja con los caballos de la reina, dice que “le dije a la reina que es la mejor criadora de corgis. Pero ella no quiere más cachorros. No quiere dejarlos atrás cuando ella se vaya. Quería ella cerrar el capítulo”.

Es una pena, pero al menos aún tenemos a los dorgis.

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