Por Lucas Rodríguez
18 marzo, 2020

Quedarse en el hogar, deseando no contagiarse, no es bueno para la moral. Traer de regreso la alegría navideña puede que sea la cura.

Tener que quedarse en la casa contra nuestra voluntad no es lo que la mayoría de nosotros describiría como un panorama ideal. A todos nos gusta que sea salir durante un par de horas a la intemperie, correr por un campo o jugar con nuestras mascotas, más allá de lo que podamos hacer con ellos dentro de nuestra habitación. Pero así es el mundo cuando la organización mundial de la salud ha declarado que vivimos bajo el yugo de una epidemia. La aparición de una variación del virus que provoca las gripes y resfriados tomó al mundo por sorpresa, causando millones de dólares de pérdida en todo el mundo, así como la catastrófica pérdida de vidas inocentes que no estaban preparadas para sobrevivir a una situación como esta. 

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Los que no hemos caída víctima de este mal, debemos tomar las medidas cautelares en nombre de los que sí pueden llegar a serlo. Quitarnos del camino de los expertos en salud y encargados de cuidar a los enfermos, es una necesidad que no podemos ignorar. Al mismo tiempo, contribuir a frenar el contagio indiscriminado es una tarea a la que también debemos contribuir, sin importar qué tan molestas puedan llegar a ser las medidas. 

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Más allá de qué tan molesto o incómodo puede ser tener que literalmente vivir en nuestros departamentos, para algunas personas es realmente un factor depresivo el no poder salir de sus hogares con frecuencia. A todos nos gusta la calma y seguridad del hogar, pero es afuera donde ocurren las cosas realmente interesantes. Por eso es que una campaña de redes sociales está llamando a que todos los que están guardando cuarentena (forzosa o voluntaria) en sus casas, saquen las luces navideñas y las usen para decorar sus hogares.

@rhodyknowsbest

Al hacer esto, estaremos contribuyendo a luchar contra la epidemia en un tercer aspecto, uno mucho más sutil y que puede que se nos pase de largo: la moral. En momentos como este, es fácil sucumbir al pánico y comenzar a preocuparse más de la cuenta. Caer en el ciclo de que todo está perdido y nos encontramos en medio de una catástrofe histórica, solo tendrá efectos nefastos en nuestra salud. Ver por la ventana y notar que todas las casas del barrio brillan como si nos preparáramos para una versión muy adelanta del día más feliz del año, puede hacer maravillas para luchar contra la depresión y el mal ánimo. 

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