Por Maximiliano Díaz
21 diciembre, 2017

«Te pienso todos los días princesa, sé que algún día te volveré a ver y te abrazaré», dice el comunicado.

Experimentar una pérdida es, a todas luces, una de las experiencias más duras que nos toca vivir en la vida: un ser amado nos deja, y lo que nos queda es honrar su memoria, intentar mantener vivo algún pequeño recuerdo suyo para que así nos sintamos reconfortados y acompañados aún en su ausencia física. También es completamente cierto que honrar esa memoria se vuelve algo mucho más complicado si esa persona dejó en nosotros pocos recuerdos.

Y Lidia Ávila conoce esta lección a la perfección. La cantante y actriz mexicana que alguna vez fue parte de emblemáticos grupos como La Onda Vaselina, y OV7, perdió a una pequeña bebé en septiembre del año 2009.

Tras varios meses de sufrimiento después de que su pequeña hija cayera al hospital por variadas complicaciones de salud, Lidia se vio obligada a enterrar a la pequeña bebé Sophia.

https://www.instagram.com/p/BcLB91FluZ9/?hl=es-la&taken-by=lidiaavila

Como era de esperarse, para la actriz y cantante la pérdida fue inconmesurable, y el dolor también. Cayó en un profundo estado de depresión, y la propia actriz reconoció que ya no quería seguir viviendo.

https://www.instagram.com/p/BcSuMOold8F/

Finalmente, y con mucha ayuda profesional y apoyo de sus seres queridos, tuvo que pasar cerca de un año para que Lidia pudiera volver a aparecer en los medios y contar su historia.

Ahora, a 8 años de finalizado el momento más doloroso de su vida, y asegurando que ya es otra persona, Lidia hablar con más naturalidad (aunque nunca con liviandad) sobre su hija. Y recientemente ha comenzado a dar conferencias con respecto a la experiencia de perder un hijo.

También, y en el cercano marco de otro aniversario de la partida de la pequeña Sophia, y lo difícil de pasar una navidad sin ella, Lidia publicó un emotivo mensaje para ella en Instagram.

https://www.instagram.com/p/BYwDxgKF_wP/

Quienes hayan pasado por algo como esto sabrán que es un dolor que nunca se supera, pero con el que se puede aprender a vivir. 

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