Por Leonardo Granadillo
26 agosto, 2019

El contacto que le proporcionas al cargarlo o abrazarlo, de acuerdo a expertos canadienses de la Universidad British Columbia, favorece su genética mejorando su sistema inmunológico y metabolismo.

La llegada de un niño al mundo suele ser motivo de alegría, para nadie es un secreto que los padres parecen estar hipnotizados con los pequeños en sus primeros años y prácticamente no se despegan de ellos.

Ante esto, suelen surgir muchos comentarios, como que no deberían ‘malcriarlos’ con tanto acercamiento, que también hay que enseñarles a estar solos y afrontar sus rabias o lloriqueos desde recién nacidos. No obstante, la ciencia se está encargando de callar a aquellos que no están muy de acuerdo con el exceso de atención a los chiquitos, específicamente con los abrazos.

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo

Uno de los primeros en demostrar que el afecto humano (en especial tener a los bebés entre los brazos) fue el psicólogo estadounidense Harry Harlow, quien hizo un experimento con primates en los 60s descubriendo que las crías además de necesidad de alimento, necesitaban contacto.

“Un niño que sabe que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas. Les da un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad, y los ayuda a valorar y continuar la relación” 

John Bowlby en su libro Parent-child attachment and healthy human development

Pixabay

Para los que no creen en la teoría de la evolución de Darwin y nuestra relación con los primates, también hay un estudio publicado en 2017 de los científicos de la Universidad British Columbia de Canadá que respalda la teoría de apego.

Analizaron por 5 semanas el comportamiento de 94 padres con sus bebés. Veían cómo dormían los bebés, si lloraban o no, el tiempo que estaban despiertos, y claro, el tiempo que pasaban en  brazos de sus padres.

4 años y medio después, se tomaron muestras de ADN y se mostró una modificación bioquímica (positiva) en la metilación del ADN. Notaron diferencias entre los niños de alto y bajo contacto, aquellos que recibieron ‘mas cariño’ tenían un mejor sistema inmunológico y metabólico.

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Todos sabíamos que era bonito, pero recién ahora descubrimos que es necesario el contacto para mejorar la epigenética de los bebés.

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