Por Lucas Rodríguez
23 octubre, 2020

Puede que los latinos seamos famosos por cercanos y cariñosos, pero cuando llega la hora de expresárselo a nuestros padres, nos ponemos fríos. Es momento de corregir esto.

A lo largo y ancho de los continentes del mundo, todos tenemos una imagen más o menos acabada de cómo son las personas de los lugares que no conocemos. Sea gracias a las películas, la televisión o cualquier otro medio de comunicación, pero las formas de ser de los habitantes de un lugar del mundo o el otro, ya no son tan secretas para el resto, como lo era antes. Incluso si nunca has salido de tu continente de origen, puede que llegues con una idea bastante acabada de lo que encontrarás en un viaje. 

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Así es como se ha esparcido por el planeta la noción, bastante correcta por lo demás, de que los latinoamericanos somos las personas más cercanas y afectuosas de todo el planeta (dejando de lado a los irlandeses borrachos, claro está). Cuando vienen a visitar nuestro continente, los más fríos europeos tienden a sorprenderse con esto. Aunque hay un aspecto donde incluso un alemán o un nórdico puede hacer gala de ser más cercano y tibio que nosotros: las muestras de afecto hacia nuestros padres. 

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Por alguna razón, probablemente demasiado enraizada en la fundación y las tradiciones coloniales de nuestro continente, los latinos tenemos una relación difícil con nuestros padres. En parte se debe a que muchos de ellos son hombres de otra generación, que no han conseguido adecuarse a las nuevas costumbres masculinas de la época. 

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Por los años en que nuestros padres se criaron y recibieron sus modelos a seguir, se estilaba que los hombres fueran duros, recios y no mostraron sus emociones. Todo eso ha cambiado muchísimo en las últimas décadas: hoy los hombres no tienen miedo a demostrar el afecto que pueden sentir por un amigo. 

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El problema es cuando llevamos ese mismo afecto a la relación con nuestros padres. Llámenlo choque generacional o problemas afectivos, pero por mucho cariño que sintamos hacia ellos, no nos será fácil ir más allá del apretón de manos.

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Todo esto es algo que no tiene nada de bueno. Teniendo en cuenta que pasamos los primeros años de nuestra vida en los brazos de nuestro padre, es raro que una vez que ya nos volvemos dueños de nuestro propio destino, nos alejemos tanto de ellos.

Chris Pizzello

Lo que debemos tener en cuenta, es que depende de nosotros hacer ese cambio. Una vez las personas llegan a cierta edad, es muy difícil que modifiquen demasiado sus conductas. Pero los jóvenes aun estamos a tiempo. Darle un beso en público a tu padre, es un gran primer paso. Y si no reacciona bien de buenas a primeras, puedes descansar en que lo hiciste con las intenciones correctas: tarde o temprano, él te lo agradecerá. 

 

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