Por Josefa Del Real
8 enero, 2020

Esto no se trata solo de preferir más a la mamá que al papá o viceversa, ya que se convierten en relaciones enfermizas y que perjudican directamente al niño si no lo frenamos. Es real.

Aproximadamente a los dos años es el momento en que los niños se vuelven un tanto más preferentes entre la mamá y el papá, y comienzan a mostrar actitudes de una necesidad extrema hacia uno de ellos. Los llaman para prácticamente todo, y no se quieren entregar a los brazos de nadie más.

En ese momento los padres lo ven como algo común, casi adorable, pero la verdad es que puedes perjudicar a tu hijo, porque cuando es niño puede que no notes lo que de grande significa a un joven o adulto con mamitis o papitis. No querrás casarte con esa persona, ni menos ser su hermana, les juro. 

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Todo comenzó cuando con mi hermana – con la que tengo 6 años de diferencia – conseguimos emparejar un tanto nuestra edad en la adolescencia. Mientras yo me veía bien independiente, ella en cambio no podía estar lejos de mi madre. Extraño, claro, pero bueno es entendible si más que mal, no hay nadie que esté más para ti que una madre. 

Pero las cosas comenzaron a tomar rumbos diferentes – y agotadores – porque ella no podía tomar ninguna decisión por sí misma. Las peleas que debían ser entre hermanas, y por cosas insignificantes, como una camiseta, se volvían discusiones eternas con mi propia madre. Pero eso no es lo peor, porque finalmente afectaba la dinámica familiar completa.

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¿Porque ocurre esto? Como el orden natural de las cosas, los padres son fundamentales en el desarrollo de una persona a lo largo de su vida, pero hay un momento en que ellos son los responsables de comenzar a soltarlos y dejarlos solos. Es aquí cuando esa “adorable” mamitis o papitis se convierte en sobrepasar los límites del apoyo moral y se comienza a dominar a la persona. 

EFE

Este tema finalmente es algo muy difícil de tratar, sobre todo porque el apego entre ese padre-niño tan íntimo, termina por opacar las otras relaciones, tanto de pareja como de ellos con sus otros familiares. ¿Consecuencia directa? Un divorcio, seguro. 

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Y claro, si finalmente este tipo de relaciones es sumamente dañina, tanto para la pareja que conforma el matrimonio, como para ese joven o niño que anula su independencia y su autonomía como persona. Finalmente viven a gusto de las reglas y opiniones de otros.

Pero creo que eso no es lo peor, porque después de la infancia y la adolescencia, viene cuando mi hermana decide salir de mi casa y comenzar su “independencia”. Lo digo entre comillas porque, la verdad pregunta hasta lo que tiene que comprar en el supermercado. ¿Quizás cuándo termine todo esto?

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Finalmente todo este embrollo que le estoy contando se desarrolla simplemente porque en la infancia no se curan ciertos procesos forma adecuada, y esas personas terminan por quedarse atascadas en el pasado. 

¿Cuál es mi recomendación? Si tienen hijos pequeños y ves que tiene alguno de estos comportamientos, no está de más hacer que se relacionen con otras personas, salir de tu casa con tu pareja o solo, y tener paciencia para fomentar su independencia. Ya escuchaste la historia, no querrás repetirla. 

Bueno te cuento el final de todas formas, aunque es un poco obvio: mis padres se divorciaron y solo hablan por temas de dinero, pero nada que tenga que ver con las actitudes de sus hijos.

¿Has vivido una relación parecida o has visto algo así? Te leemos.

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