Por Leonardo Granadillo
24 febrero, 2020

Según un informe dado por especialistas de la UNICEF, esas primeras interacciones “piel con piel” fortalecen su sistema inmune, reduce su estrés, regula su temperatura y hasta su frecuencia cardíaca. Los expertos respaldan el amor de madre.

Traer a un bebé al mundo implica un mundo de responsabilidades. Apoyar su crecimiento, cuidarlo, curarlo cuando sea necesario son sólo parte de las labores que como padres estamos obligados a cumplir para garantizar su correcto desarrollo. Es una de las cosas más hermosas que a alguien le puede ocurrir en la vida, pero también es necesario dar lo mejor que tenemos para que funcione.

Por una razón inexplicable, los padres (en especial la madre) sienten una necesidad de apego, de besarlos, abrazarlos, y darles muchísimo cariño. Y aunque hayan algunos críticos que no estén de acuerdo con las numerosas muestras de afecto, es algo que los especialistas consideran hasta necesario.

A través de un informe El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés) expertos han explicado que el contacto piel con piel de la madre con su hijo, es fundamental en la etapa inicial. Ayuda a darle calma y consuelo al niño, a aumentar el suministro de leche de la madre, brindando mejores resultados tanto físicos como de desarrollo para el bebé.

Aunado a esto, también es útil para regular la temperatura, la frecuencia cardíaca y la respiración del infante. Durante este proceso, las bacterias “amigables” de la mamá colonizan la piel de bebé, protegiendo al pequeño de cualquier tipo de cuadros virales o infecciosos.

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Se recomienda que durante el proceso además de que el bebé este sin ropa directamente sobre tu piel, se coloque una manta tibia para que tampoco se resfríe ni nada por el estilo. Con el tiempo, además de las ventajas anteriormente mencionadas, verás progresos en su comportamiento previo a la alimentación.

Lo más agradable es que este conocido contacto ‘piel con piel’ no se realiza sólo como te lo indicamos, sino en varios momentos en los que comparten. Cuando lo bañas por ejemplo, cuando lo cargas para calmarlo o hasta cuando come y lo ayudas en el proceso.

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Es innegable, todos necesitamos de un apoyo en nuestros años iniciales independientemente de quien sea el o la que se ocupe de nosotros. Los primeros abrazos terminan siendo claves, esa calidez cuando lo requerimos no la olvidamos, y es ese ser cercano quien se convierte en lo más importante para nosotros sea o no nuestro progenitor biológico.

Abraza, besa, y dale el amor que quieras a tu hijo. Que nadie venga a decirte lo contrario que ya los expertos lo autorizan.

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