Por Andrea Araya Moya
20 mayo, 2020

No sólo fue la primera boda birracial de la corona inglesa, sino además rompieron por completo todos los protocolos. Incluso cuando renunciaron.

Ya dos años se han cumplido de una de las bodas reales más esperadas de la corona británica: la de Meghan Markle y el príncipe Harry. En ese entonces, en pleno 2018, la pareja daba el sí en la Capilla de San Jorge, en el castillo de los Windsor. Todos estaban felices, celebrando a la nueva pareja y sin saber que las cosas darían un vuelco de 180 grados en las vidas de los miembros de la familia real.

Y es que desde que Harry conoció a Meghan y comenzaron a salir las cosas ya pintaban para complejas para ambos, pues la familia real británica es bastante estricta.

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Pero otra de las cosas con las que tuvo que lidiar la pareja antes de casarse o incluso comprometerse fue el acoso mediático y las críticas y ataques contra Meghan por su color de piel, profesión y lugar de origen.

Y fue tanto que el mismo Harry se mostró preocupado y acusó que su novia era víctima de «sexismo y racismo», pues le asustaba que su novia sufriera lo mismo que su madre, la princesa Diana.

Pero hubo un momento en que las cosas eran color de rosa y todos estaban felices. De hecho los primeros en aceptar a Meghan fueron los príncipes William y Carlos, e incluso Kate Middleton. Hasta que Harry anunció su compromiso con Meghan, siendo bendecido por la reina Isabel de forma histórica.

«Se consideró una unión real adecuada para el siglo XXI y un punto de inflexión para la monarquía. Meghan fue la primera divorciada de raza mixta en casarse con un miembro de la familia real, algo que, hace décadas, habría sido impensable»

-Katie Nicholl en el libro, “Harry y Meghan: vida, pérdida y amor»

La boda, aunque fue de ensueño, aún así tuvo sus pequeñas polémicas, partiendo desde la ceremonia, hasta el maquillaje y vestido sencillo de Meghan, y el querer entrar sola a la capilla, rompiendo las tradiciones.

Sussex Royal

Y desde ahí la nueva pareja real comenzó a mostrarse tal como eran y tratando de modernizar a la corona británica, volviéndose más cercanos a sus fans y rompiendo reglas, sin importarles lo que se dijera de ellos.

Pero los seguidores de la realeza no estaban contentos con ellos y criticaron todo lo que hacían, desde sus viajes en jet, el baby shower de Archie, e incluso su mudanza a Frogmore Cottage, en la que desembolsaron millones para renovar los espacios. Además de todas las críticas a Meghan durante su embarazo, incluso cuando hacía las mismas cosas por las que fue alabada Kate Middleton.

Se publicaron notas riéndose de ella, su ropa, sus decisiones, su vida pasada, su familia, o cualquier cosa que ella hiciera.

Fue así como en octubre de 2019 la pareja decidió demandar a The Mail on Sunday por burlas y por haber publicado una carta privada que Meghan escribió a su padre, Thomas.

Desde ese entonces Harry no hacía más que defender a su esposa ante los medios y poco a poco el semblante de ambos comenzó a cambiar. De hecho, en una entrevista para el canal ITV, Meghan se veía bastante afectada y apenada, incluso cuando el periodista le preguntó «cómo estaba» ella respondió: «gracias por preguntar, no mucha gente lo hace». La presión mediática y su vida en la realeza ya la tenían agobiada.

E incluso ese hecho causó controversia. Nadie los dejaba tranquilos.

Fue así como el 8 de enero de 2020 la pareja comunicó al mundo su decisión de renunciar a la realeza y todos sus privilegios. Y sin haberlo consultado con la reina Isabel antes. Fue como un balde de agua fría para la corona.

Y aunque fue difícil, la reina terminó dándoles su consentimiento y las cosas cambiaron entre los miembros de la realeza. Incluso Harry y William ya no se veían tan cómplices y Meghan sólo recibía miradas cabizbajas.

Sin embargo, luego de su decisión de renuncia, la pareja decidió como movimiento final mudarse a Estados Unidos y comenzar una nueva vida en Los Ángeles, donde pasan la cuarentena junto a su pequeño hijo Archie, quien ya cumplió su primer año de vida.

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Por otro lado, la renuncia y el abandono de la pareja del Reino Unido a Estados Unidos también marcó un precedente, pues fueron los primeros en buscar refugio en otro país.

Pero Harry quería proteger a cómo dé lugar a su familia.

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