Por Pamela Silva
8 julio, 2019

“Necesitamos apoyarnos las unas a las otras en las decisiones que tomemos en lugar de juzgar, y entender que existen muchas maneras de criar a los niños”, pide Bazelon. Pregúntense algo antes de criticarla, ¿dirían lo mismo de un hombre?

A pesar de que la sociedad ha cambiado bastante en las últimas décadas, todavía las mujeres son consideradas como las personas que tienen que hacerse cargo de las cosas del hogar, mantener a la familia unida, cuidar a los niños y preocuparse de que crezcan siendo personas decentes.

Todo eso mientras trabajan, se mantienen en forma, siguen siendo perfectas, nunca se equivocan y hacen cientos de cosas durante el día, sin quejarse ni reclamar.

El problema es que no todas las mujeres son así, porque no tienen ni quieren dedicar su vida exclusivamente a sus hijos una vez que los tienen. Y eso no las hace malas mamás.

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Un artículo de opinión de la profesora de Derecho y abogada Lara Bazelon en The New York Times ha causado polémica por admitir, abiertamente, que suele dar prioridad a su trabajo por sobre sus hijos.

“Toda mujer trabajar recibe esta pregunta, que presupone que una vida estale como mujer trabajadora se puede conseguir. Pues no, no se puede. El término ‘conciliación’ atrapa a la mujer en un círculo sin fin de vergüenza y auto-críticas”.

“Y yo, como muchas mujeres, doy a menudo prioridad a mi trabajo. Y lo hago porque, como cabeza de familia de una unidad monoparental, soy la única que aporta dinero”, explica Bazelon. Sin embargo, también es rápida en aclarar que no solo lo hace por el dinero, sino que también por su ambición de desarrollarse a nivel profesional. “Si no lo hiciese, me sentiría vacía”.

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“Me he perdido momentos para llevar a mis hijos al parque o aun museo, me he perdido cumpleaños, vacaciones, momentos especiales, actividades del colegio… y ahora intento centrarme en aprovechar y pasar más tiempo con ellos. Pero siempre hay algo de mi trabajo que me reclama y no puede esperar. A veces, mis decisiones me ponen triste. A veces siento dudas, culpa y miedo. Sé que no soy una ‘madre normal’, porque mis hijos me lo dicen. Pero me recuerdo a mí misma que esto no me hace ‘mala madre’, y que si fuese un padre, probablemente me estarían felicitando constantemente”.

Bazelon explica que cuando un padre se aparece en un acto del colegio es celebrado, mientras que si una padre se ausenta es algo criticado. Y que aunque está segura de su decisión, no puede evitar en ocasiones preguntarse si está cometiendo un error.

“Estoy orgullosa de lo que he conseguido, estoy más que orgullosa de poner mantenerme a mi y a mis hijos, pero a veces me pregunto si mis decisiones les estarán haciendo daño. Solo espero que mis hijos lo entiendan. Creo que lo hacen. Los quiero mas que a mi vida, y su sola existencia da un significado muy profundo a la mía. Pero siento lo mismo por mi trabajo. Necesitamos apoyarnos las unas a las otras en las decisiones que tomemos en lugar de juzgar, y entender que existen muchas maneras de criar a los niños. Millones de mujeres sienten esa culpa constante de que nada de lo que hagan es suficiente, y eso tiene que acabar”.

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Basta de atacar a otras mujeres por sus decisiones de vida, tenemos que apoyarnos entre nosotras.

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