Por Leonardo Granadillo
9 octubre, 2019

Las altanerías que comienzan en el hogar con mamá, papá, abuelos y hermanos mayores, solamente continúan con el paso del tiempo si no se frenan a tiempo.

La infancia es tan clave en nuestras vidas, que puede llegar a definir los que seremos en un futuro. Es por ello que los padres, las madres, abuelos, hermanos mayores, representantes terminan siendo fundamentales en nosotros, ayudan a moldear nuestra educación.

Queda de nosotros intentar absorber esos valores positivos que nos transmiten, principalmente el respeto. A nadie le gusta un niño desobediente y mal educado, es esto quizá lo fundamental previo a permitirles que exploren el mundo por sí mismos.

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Generalmente se dice que los abuelos malcrían, pero la realidad es que cuando se ponen los límites claros y se prioriza la educación por encima de complacer cada gusto, se cumple con la labor. No obstante, encontrar el balance entre poner carácter sin ser demasiado duros, es parte de la estrategia del éxito.

Obviamente al pequeño lo guían varias directrices, como en toda ponencia hace falta simplemente unificar discursos, para que no crezca confuso y sienta una verdadera guía de apoyo. Que parta con las herramientas necesarias.

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La pregunta es simple: ¿un niño que no respeta a nadie en su casa está preparado para respetar al resto? Pues no.

Es necesario partir dando el ejemplo, ya que como quien dice son una máquina de imitar en sus primeros años. No hacemos nada diciéndole que hacer cuando el ve que no somos congruentes con nuestro discurso.

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De acuerdo al Dr. Leonard Sax en su artículo para Intellectual Takeout son necesarias 3 cosas: poner a la familia antes del niño (respetar momentos como la cena familiar), eliminar distracciones (ambos deben dejan teléfonos o pantallas estando juntos, que haya conversación cara a cara), y ser claro con los cambios que queremos que hagan o que mejoren.

 

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