Por Antonio Rosselot
22 septiembre, 2020

Esta ciudad de 80 mil personas es considerada una de las más cómodas para vivir en Europa, reemplazando el bullicio de los autos y las bocinas por los sonidos de pájaros y las voces humanas; con algunas excepciones, esta urbe se reformó por completo para que fuese caminable y pedaleable. ¿El resultado? Una calidad de vida sin igual.

En el mundo de hoy, hablar del centro de una ciudad es hablar de ruidos molestos, gritos, movimiento constante y una falta de quietud que llega a desesperar hasta al más valiente. Todo está lleno de autos, motos, bicicletas, peatones, estímulos visuales que poco ayudan a la persona a conectarse con la ciudad en la que vive.

Sin embargo, hay una urbe de España que hace ya varios años dejó de preocuparse de esos problemas, y goza de una calidad de vida realmente enriquecedora.

Concello de Pontevedra

Pontevedra queda en la comunidad autónoma de Galicia, al sur de Santiago de Compostela, y desde 1999 que las calles de su hermoso centro histórico están libres de vehículos, a excepción de los esenciales.

Es decir, la gran mayoría de los 80 mil habitantes de la ciudad hacen su vida y sus trayectos a pie o en bicicleta, en una urbanización que fue especialmente acondicionada para el propósito. De acuerdo a las estadísticas actuales, un 75% del espacio público de Pontevedra está reservado exclusivamente para las personas.

“¿Cómo puede ser que los adultos mayores o niños no puedan usar la calle por culpa de los autos? ¿Cómo puede ser que la propiedad privada —el auto— ocupe el espacio público?”

César Mosquera, director de Infraestructura del Ayuntamiento de Pontevedra, a The Guardian

Concello de Pontevedra

Todo esto comenzó a fines del siglo pasado, cuando Miguel Anxo Fernández Lores fue elegido como alcalde. Tras años de caos vial en la ciudad y a sólo un mes de haber asumido, cambió el pavimento del centro medieval histórico de la ciudad —unos 300 mil metros cuadrados— por adoquines de piedra y cerró el acceso a los vehículos, haciéndolo completamente peatonal.

Posteriormente eliminó los estacionamientos a nivel de calle —una de las razones más comunes para la congestión vehicular en la ciudad— y construyó otras plazas en superficie y subterráneas a las afueras de la ciudad, teniendo más de 1.600 espacios disponibles. A su vez, suprimió los semáforos para favorecer a las rotondas y, en la periferia de la ciudad, bajó el límite de velocidad de conducción a 30 kilómetros por hora.

“Esta ciudad tiene el tamaño perfecto para ser peatonalizada, puedes cruzarla de punta a punta en 25 minutos. Hay cosas que se pueden criticar, pero no hay nada que haría rechazar este modelo”.

Rogelio Carballo Soler, arquitecto local, a The Guardian

Hay algunas cosas que aún podrían ser objeto de debate, tal como dice Rogelio, pero la verdad es que los beneficios son mucho más relevantes que lo perjudicial. Entre 1996 y 2009 fallecieron 33 personas por accidentes de tránsito en Pontevedra, número que se redujo a cero hasta la actualidad; además, las emisiones de CO2 disminuyeron en un 70%.

Por otra parte, como también se frenaron las licitaciones de espacios para centros comerciales, los negocios de barrio han podido sostenerse suficientemente en un país que aún no logra recuperarse de una dura crisis económica.

Luis Pereiro Gómez

La perspectiva humana y colectiva que caracteriza a Pontevedra le ha valido un enorme número de reconocimientos internacionales en temas de urbanismo consciente y calidad de vida, y no nos sorprende en lo absoluto.

Imagínense vivir en un lugar así, donde la primera sensación al salir de casa sea de agrado y no de angustia, donde no haya miedo constante de ser atropellado o de nublarse con el ruido de las bocinas.

Shutterstock

Esa es la dirección en la que tiene que ir el futuro de las ciudades, ¡sin duda alguna!

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