Por Maximiliano Díaz
8 enero, 2018

La potente misoginia del director fue investigada por un periodista de Nueva York.

Si el 2017 fue famoso por algo, fue por las denuncias de acoso sexual y abuso de poder en la industria del espectáculo y el entretenimiento. Además de eso, el hecho de que estas historias frente a hombres poderosos salieran a la luz, motivó a mujeres de todo el mundo a contar sus experiencias y permitirse generar un espacio seguro en las redes sociales, donde la denuncia se volvió algo más inmediato, al igual que la pena, sacando por fin, a los abusadores de su posición de poder.

The New Yorker

En Hollywood cayeron Kevin Spacey, Harvey Weinstein Louis C.K., Brett Ratner, Matt Lauer, y un montón de hombres, quienes perdieron su reputación y su trabajo a causa de sus acciones.

The Sun

Sin embargo, muchos han apuntado a que Hollywood y el resto del mundo se ha estado demorando demasiado en apuntar hacia un poderoso emblema de esta industria, y presunto depredador: Woody Allen ha sido acusado de acosar a su hija adoptiva, además de otros casos de acosos, y sigue haciendo películas (la última de éstas, titulada Wonder Wheel, salió al cine apenas durante el mes pasado).

Amazon Studios

Sin embargo, un periodista cansado de la presunta inocencia de Woody Allen, examinó sus diarios personales para convencer a la gente de que no fuese absuelto de su mal comportamiento.

Richard Morgan leyó 56 cajas de trabajos no publicados del famoso director, y encontró dentro de ellos perturbadoras opiniones sobre las mujeres. Después de visitar su archivo personal en la universidad de Princeton, Morgan publicó sus descubrimientos el 4 de enero en el Washington Post. 

El principal hilo que termina por corroborar las nefastas conductas de Allen, es el hecho de que, al parecer, tiene una profunda obsesión con niñas y mujeres jóvenes. Constantemente las pone como un trofeo o una conquista para algún hombre poderoso o importante. Morgan da ejemplos de la constante repetición de este tema a lo largo de los documentos que Allen llegó a reunir.

United Artists

Para ejemplificar, Morgan cita un borrador de Allen:

«De todos los hombres famosos que han existido, el que más me gusta es Sócrates. No solo porque haya sido un gran pensador, porque he sido reconocido por tener algunas ideas realmente profundas, aunque las mías giran en torno a dos camareras de 18 años, y un par de cuerdas de manos.»

A pesar de exponer constantemente información de esta naturaleza, Morgan se preocupa de destacar que Allen no es culpable de un delito por pensar de esta manera tan nefasta sobre las mujeres; aunque no deje de ser una prueba que indica fehacientemente un pensamiento que posiciona el valor de la mujer sobre los beneficios que ésta pueda proveerla a un hombre. Sin embargo, y a pesar de que el periodista no expone declaraciones que lo incriminen directamente de un crimen, sí cita pasajes que lo sugieren:

«Hay un hombre que, a sus 43 años, se le permitió ser el primer beso de la joven de 16 años [Mariel] Hemingway. La actriz, no su personaje, en el set de Manhattan. (Después, ella recordó en una entrevista de un programa de televisión, haber corrido mientras llorada hacia el director de fotografía Gordon Willis y decirle «no tengo que hacer eso de nuevo, ¿cierto?»). Está disfrazando el crimen como arte.»

United Artists

Sin embargo, para muchas personas que están al tanto del tema de los abusos, y son conocedores de la historia y el cine de Allen, a pesar de brindar información valiosa para futuros estudios sobre las terribles conductas del director, es también un despropósito en la búsqueda de la pena social: pues, en 2014, la hija adoptiva de Allen, Dylan Farrow, contó al New York Times en una carta el abuso que había sufrido por parte de su padrastro.

¿No es, acaso, el testimonio de una víctima suficiente para creer?

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