Por Camila Cáceres
11 agosto, 2017

La policía llegó a buscarla al motel.

Sinéad O’Connor es una de esas artistas que recuerdo haber escuchado en la radio (cuando aún escuchaba radio). De hecho alguna vez me senté a esperar que sonara Nothing Compares To U para grabarla en un cassette, rogando que al locutor no le diera por hablar entre medio. Es una de esas emociones extremas que se quedaron en el pasado como, tristemente, su popularidad.

Muchos lo atañen a la que quizá fue su acto más controversial (de una lista bastante amplia): romper una foto del Papa Juan Pablo II mientras cantaba una versión a capella de War de Bob Marley el 3 de octubre de 1992.

Lo que la mayoría de quienes la condenan no saben es que O’Connor lo hizo como un acto de protesta poco después de que se comenzara a hablar de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero y cómo la iglesia católica— la iglesia más importante en su nativa Irlanda y su propia religión por muchos años— los había encubierto.

En la época se consideró un exceso imperdonable y O’Connor perdió muchas oportunidades en el mercado. Sumado a su particular estilo, su popularidad no duró mucho.

Siempre fue una artista impulsiva y una persona llena de angustias inexplicables. El 2007 finalmente fue diagnosticada con bipolaridad, sólo para que el 2014 otros doctores le dijeran que lo que sufría no podía ser bipolaridad. Mientras tanto, perdió la custodia de sus hijos y fue demandada por difamación.

Su video publicado el 8 de agosto no debió sorprender a nadie.

Y sin embargo sirvió como un recordatorio para el mundo, quizá a la luz de las perdidas que el arte ha vivido últimamente, de lo terribles que son las enfermedades invisibles. También nos recordó lo mucho que alguna vez amamos a Sinéad O’Connor y acabamos profundamente preocupados por ella.

Tengo el amargo placer de informarles que la cantante se encuentra… físicamente bien.

Tras la publicación y viralización del video, diferentes estaciones de policía fueron contactadas. Un oficial reconoció el motel y partieron a buscarla, pero… ya no estaba.

“La última vez que alguien la vio fue el viernes, sacando una soda de la maquina. Estaba en el segundo piso. Su auto está y seguirá estando en el motel por los próximos 30 días, que pagó por completo. Nunca tuvimos contacto con ella.

Luego pudimos confirmar que se encontraba hospitalizada y nos hemos mantenido informados sobre su estado desde entonces”.

-Capitan Robert Kaiser-

A pesar de que la hospitalización es un acto extremo, quizá finalmente Sinéad consiga una respuesta para el dolor que describió como la adicción, “no le importa una mierda quien eres”.

Las enfermedades mentales son tan terribles como las enfermedades físicas. Es hora de que realmente tomemos consciencia.