Por Gillian Armstrong
6 Abril, 2017

“El escenario en el que estaba se volvió muy real y yo entré en pánico, pensando que le podría haber ocurrido lo peor”, dijo su madre.

Todo era caos y desesperación cuando la madre de Josh Dinning, un chico de nueve años, despertó una mañana para darse cuenta de que su hijo no estaba por ninguna parte. Llamó a la policía y todos comenzaron a buscar al extraviado por toda la ciudad. Vecinos y helicópteros se unieron para localizarlo.

Esto ocurrió en Gateshead, Inglaterra. La policía recibió una llamada de la mujer a las 9.15 de la mañana y no encontraban nada, hasta que tres horas después por fin dieron con el infante. Al ver en dónde estaba, todos se sintieron un poco idiotas. 

GLEN MINIKIN

El pequeño se encontraba en el clásico lugar de los niños: debajo de su cama. Todo porque el rechazo de ir ese día al colegio lo superó y no encontró mejor hueco para ocultarse que debajo de donde duerme todos los días.

La policía de Northumbria pensó que había revisado todo y aún se preguntan por qué el “oculto compartimento” no fue chequeado con anterioridad. 

Michelle Dinning, una viuda madre de ocho niños, creyó al despertar que su hijo ya se había ido a la escuela. Pero al parecer esta mujer no tiene ni la menor idea de los gustos de Josh (como si su ansiedad fuera tanta que quiso irse más temprano a estudiar). 

Al percatarse de que no estaba allí, llamó inmediatamente a la policía.

“El escenario en el que estaba se volvió muy real y yo entré en pánico, pensando que le podría haber ocurrido lo peor”.

El caos fue tanto, que incluso fotos del pequeño ya habían mandado a imprimirse, las que eran llevadas por decenas de vecinos. 

“Sugerí una revisión más por dentro de la casa -y esta vez la policía sí reviso debajo de la cama”. 

“Me incliné y vi el verde de la camiseta de la escuela de Josh, y estallé en lágrimas”. 

GLEN MINIKIN

En tanto, el chico también tiene sus buenas razones para no haber salido de su lugar. Y es que al oír tanto revuelo por su culpa, cualquiera querría que lo tragara la tierra para no tener que enfrentar esos gritos y sermones que ya se venían.

“Podía oír a la gente buscándome y pensé que sería mejor quedarme en silencio, porque cuando me encontraran me habrían gritado y reprochado, así que sólo me quedé en el lugar donde estaba”. 

Claramente este chico no razonó que, bueno, alguna vez tendría que salir de ese lugar de una forma un otra. Pero así son los niños y sus estrategias muchas veces son un tanto curiosas.

Su hermano de 20 años, quien no entiende cómo Josh pudo haber actuado de esa forma, también dio su opinión de lo que pasó:

“Es difícil creer que mientras todo esto sucedía él sólo se enroscó debajo de su cama”. 

Si bien todos pasaron un mal rato angustiados en la búsqueda, menos mal que el pequeño estaba en ese lugar y no en alguno peor. La próxima vez que no quiera ir al colegio, claramente buscará otras estrategias, porque de aquí hasta que se gradúe, no lo dejarán faltar a clases. 

 

 

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