Por Camila Cáceres
28 diciembre, 2016

En sus propias palabras.

Después de ganarse nuestros corazones en una galaxia muy, muy lejana, Carrie Fisher no volvió a aparecer en proyectos tan grandes. Se dedicó a escribir, editar guiones y aparecer en uno que otro rol de bajo perfil. Puede extrañar que rechazara tan fácilmente la fama, pero lo que no tanta gente sabe es que Carrie nació rodeada de estrellas.

Carrie Fisher era la hija de Debbie Reynolds, mejor conocida como Kathy Selden, la dulce protagonista de Singin’ In The Rain, y Eddie Fisher, un verdadero rockstar de los años 40. El mejor amigo de Eddie Fisher, Mike Todd, murió en 1958, dejando a una desconsolada Elizabeth Taylor, quién décadas después admitió que se refugió en Eddie sólo porque ambos estaban destrozados por lo de Mike.

Eddie Fisher dejó a su familia por la actriz en un controversial divorcio que fue de todo lo que se habló en la época. 

Previo al affaire, Elizabeth Taylor y Debbie Reynolds habían sido íntimas amigas. Carrie tenía tres años y su hermano Todd (bautizado en honor a Mike Todd), sólo uno.

Pasaron más de cuarenta años para que las actrices se reconciliaran, pero eventualmente Carrie creó un lazo con la que había sido por un corto tiempo su madrastra.

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En un evento a beneficio de personas con SIDA en 1998, Carrie bromeó acerca un ramo recibido ese mismo día. Lo había enviado Elizabeth Taylor. ¿Sería la tan esperada disculpa por robarse a su padre? Pues… no.

“Cuidadosamente abrí el sobre y, con el corazón latiendo animadamente, empecé a leer: Querida Carrie – empezaba la nota -, muchas gracias por participar en el importante evento de esta noche y unirte a esta extraordinariamente importante causa que es la lucha contra el SIDA. Sinceramente, Elizabeth Taylor”.

El público se desternilló de risa. Sin embargo, días después, Elizabeth Taylor invitó a Carrie a una fiesta en la piscina de su casa, para los niños. Por curiosidad y con una defensa preparada (Taylor había dicho algo vagamente ofensivo sobre su madre días atrás), Carrie aceptó. 

No le sorprendió no ser recibida por la diva y dejó a su hija jugando con los otros niños. Por supuesto que cuando se había sentado a la sombra en total tranquilidad, Elizabeth apareció de la nada y le preguntó si había algo de lo que debían hablar. Carrie confesó lo que había oído y Elizabeth lo negó, pero sin mucho esfuerzo. Luego declaró como si nada que la empujaría a la piscina.

Así es, Elizabeth Taylor le dijo directamente a Carrie Fisher que la empujaría a la piscina. En palabras de Carrie:

“‘Hazlo’, le dije, haciéndola inclinar la cabeza sospechosamente con la mirada aguda.

‘Mejor no. Me vas a tirar contigo’.

Agite la cabeza, quitándome el reloj. Nos quedamos mirando bajo el sol.

‘No lo haré’, le aseguré, en parte porque había oído sobre su operación de cadera hace no mucho.

Continuamos mirándonos hasta que, finalmente, me empujó alegremente hacia la piscina.

Entonces, con mis rodillas dobladas, me empujé con mis pies descalzos, catapulteándome hacia la superficie alguna vez plana del agua. Y, jadeando, me liberé y pude comenzar una relación de amistad con la que alguna vez fue mi madrastra. ‘¡Liz!’”.

Debbie y Elizabeth también reconciliaron su amistad con el pasar de los años.

Carrie Fisher es una perdida para el cine, para los anaqueles literarios, pero sobre todo para su familia y amigos. Debbie Reynolds falleció el día siguiente a su hija.

Que la fuerza esté con todos ellos.

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