Por Leonardo Granadillo
18 marzo, 2020

De acuerdo a un estudio de la Buffalo University de Nueva York, la cercanía con nuestra progenitora puede ayudar a evitar tener relaciones violentas al crecer.

La buena relación con nuestra familia es algo básico, no necesitamos que un estudio nos venga a decir eso. La educación parte en el hogar y de allí es que salimos para aventurarnos por el mundo, es clave como padres fomentar una buena base para que los pequeños de la casa tenga herramientas para defenderse en la vida.

De niños, prácticamente somos una esponja. Adquirimos conocimientos rápidamente y copiamos las buenas y malas costumbres que vemos. Es por ello que a través de la educación y en mi opinión principalmente de la confianza, se forjan ciudadanos de bien. Una madre o un padre no solo debe velar por educar y proveer todo financieramente, sino también por generar cierta cercanía.

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La importancia de esto fue comprobada a través de un estudio realizado en la Universidad de Búfalo (Nueva York), el cual deja en claro que mantener una conexión con nuestras madres puede evitar que nos encontremos con una relación violenta al crecer.

A pesar de lo buena que pueda ser la relación de un niño o una niña con su padre, la madre suele ser la persona con la que más tiempo pasan, esa que lo tuvo desde primer momento en su barriga. Gracias a ello, el carácter y la personalidad de ellos, suele ser similar en las primeras edades al de su mamá.

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Se comprobó por medio del experimento (donde fueron encuestados más de 140 adolescentes de 8vo grado y los últimos años de secundaria) que mantener una comunicación verbal y afectiva entre la madre y el menor puede evitar que cometa «sus errores». Por ejemplo, el niño o la niña no tienen que crecer producto de una relación perfecta, pero el cariño y la cercanía, el intercambio de experiencias con calidez y apoyo, sirve para evitar fracasar sentimentalmente a futuro.

«Los niños forman modelos internos de trabajo sobre sí mismos y los demás en función de la calidad de su relación con sus padres. Si el cuidador principal es abusivo o inconsistente, los niños aprenden a verse a sí mismos como no amables y a los demás como hostiles y no confiables. Pero los comportamientos parentales positivos caracterizados por la aceptación y la calidez ayudan a los niños a formar modelos de trabajo internos positivos de sí mismos como adorables y dignos de respeto», destacó Jennifer Livingston, la investigadora principal.

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De este modo, identifican con mayor facilidad conductas que puedan perjudicarlos a ellos y a su salud física y mental. En pocas palabras, cuando se crece en un hogar lleno de confianza y entendimiento, es lo mismo que buscamos para nosotros. No nos conformamos con personas tóxicas que afecten nuestras vidas.

Ya sabes, dale a tu hijo lo mejor en cuanto a cariño y afecto, para que no acepte menos que eso.

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