Por Leonardo Granadillo
31 diciembre, 2019

Mientras uno empieza a vivir, otro da todo lo que le queda. Lo único que nos llevamos con nosotros son los preciados momentos ❤

La llegada de un niño no es motivo de felicidad solamente para los padres, también es una bendición para la familia entera. Los primeros días suelen ser completamente de los padres, se convierten en nuestro motivo de vida, nuestros ojos, nuestro todo.

Con el paso del tiempo, hay otros personajes que permitimos entren a la vida del bebé, nuestros padres. Esos a los pocos (o únicos) que les podemos confiar con plena seguridad a nuestros hijos, ya que tenemos la certeza de que saben lo que están haciendo, solamente repiten lo que hicieron con nosotros.

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Pero aunque no lo creamos, los abuelos suelen ser esos ‘apoyadores’ que hasta consienten a los pequeños y los defienden de nosotros como padres, le dejan pasar algunas jugarretas y nos piden que no seamos tan duros con ellos. Los único que desean es verlos felices.

Dicen que en ocasiones debemos detenernos un instante a disfrutarnos los pequeños placeres de la vida, entre ellos está valorar a nuestra familia, porque no sabemos cuándo van a partir.

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Principalmente nuestros padres, los cuales (en teoría) deberían despedirse antes de nosotros. Uno de los momentos más lindo es disfrutarse en primera fila el cariño que tu papá, quien te cuidó y protegió cada instante, le dedica a tu hijo.

Es ver a dos seres gozarse la vida, uno en sus últimos años y otro aprendiendo a interactuar. Ves todo pasar, el antes y después, sabes que es algo que debes atesorar en tu memoria.

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Gracias papá, por todo lo que me has dado y me sigues dado. Hasta esos instantes junto a mi bebé que nunca voy a olvidar.

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