“Iba en camino a conocer a una mujer por la que estaba loca y creía que estaba loca por mí también. Fue uno de los impulsos más felices de mi vida “, dijo antes de que todo se transformara en un desastre.

Las citas no siempre salen como uno espera. Hay veces en que sí, son perfectas y parecen dignas de un sueño, pero otras, son un verdadero desastre. Tal como le sucedió a esta chica, que estuvo dispuesta a viajar una distancia enorme para conocer a quien ella creía era su alma gemela, sin embargo, se llevó una desagradable sorpresa cuando se reunieron.

Lori es una joven lesbiana que vive en Whithehorse, Yukon, un área pequeña cerca del norte de Canadá.

Y como su antigua relación terminó mal y no le es tan fácil encontrar otras chicas lesbianas cerca de su hogar, decidió recurrir a Tinder, la aplicación de citas.

Allí conoció Alice, una chica que vivía en Fairbanks, Alaska, muy lejos de ella, pero que captó toda su atención. La pareja rápidamente comenzó a tener una relación a larga distancia y podían pasar horas conversando en línea, relata News.com.au.

Pese a que Lori en un principio buscaba un encuentro casual, la relación se empezó a volver más seria y muy intensa en poco tiempo. Había química y era indudable.

Tras dos meses conociéndose virtualmente, Alice invitó a Lori a su casa para que se conocieran en persona y pasaran una semana juntas. Sorprendida y bastante entusiasmada, Lori aceptó. Tomó su auto y condujo por más de 13 horas hacia su cita.

“Iba en camino a conocer a una mujer por la que estaba loca y creía que estaba loca por mí también. Fue uno de los impulsos más felices de mi vida “, dijo.

Sin embargo, la situación se volvió muy incómoda cuando se conocieron.

Tras pasar el día juntas, fueron a cenar y mientras conversaban, Lori se dio cuenta de que Alice estaba borracha. No sabía en qué momento podría haberse puesto a beber, pero luego notó dentro de su bolso una botella de Gatorade que contenía un líquido dorado. Claramente no era una bebida hidratante, y las constantes idas al baño ayudaban a entender la situación.

De pronto, las cosas siguieron empeorando. Alice tomó su celular y le mostró a Lori una foto de su última pareja, que es un hombre, casado y que engañó a su esposa con ella.

En la imagen, el sujeto estaba completamente desnudo, y Alice no dudó en decirle a Lori lo grande que tenía el pene.

A esta altura, Lori no sabía qué pensar. Solo sentía que su viaje había sido un verdadero fracaso.

Al terminar la cena, Alice fue a pagar la cuenta, pero tras 30 minutos de espera, Lori comenzó a inquietarse. Buscó a un camarero y le preguntó qué sucedía. Él le respondió que su cita estaba tomando más trago en el bar. “De alguna manera logré no llorar” recordó Lori sobre la incómoda situación.

¡Pero esto no termina aquí!

Como Lori vivía tan lejos, fue a la casa de Alice para descansar, pero su amiga se tambaleó de lo borracha y luego se desmayó. “Se puso a roncar con ropa, incluso con los calcetines puestos” dijo Lori, quien pasó toda la noche despierta y mirando el techo, pensando en su fantasía romántica totalmente destruida.

A la mañana siguiente, cuando las cosas ya no podían empeorar más, Lori descubrió que Alice jamás estuvo soltera y que su novio no estaba para nada feliz de que ella estuviera en la casa de su chica.

Así que luego de que la expulsara, tuvo que conducir las 13 horas de regreso a Whitehorse.

“Cuando llegué a casa, mi dolor y mi desilusión se convirtieron en furia. Me tomó más tiempo conducir que haber estado con ella en Fairbanks, en lo que se suponía sería una escapada romántica de una semana. Estoy furiosa”, contó Lori.

Como no se iba a quedar de brazos cruzados, tomó su celular y la llamó. Le recriminó su comportamiento y le hizo saber que lo había pasado muy mal.

Pero Alice, en vez de disculparse, le respondió que “Soy una persona increíble. Nada de esto fue mi intención. Lo que hago no significa nada”.

Impactada, Lori no podía creer lo que acababa de escuchar y de pronto comenzó a reírse… Luego explicó que alejarse de Alice fue como haberse quitado un gran peso de encima.

¡Y sí que lo fue!

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