Por Josefa Del Real
27 junio, 2014

Hace unas semanas, fui a la clase de Chase para una tutoría.

Le envié una noche un correo electrónico a la profesora de Chase y le dije: “Chase sigue diciéndome que esto que le estás enviando para la casa es Matemática – Pero no estoy seguro de creerle. Ayuda, por favor.” Ella me respondió inmediatamente escribiendo: “¡No hay problema! Le puedo hacer clases a Chase después del colegio en cualquier momento.” Y yo dije: “No, no él. Yo. Él lo entiende. Ayúdame a mí.” Y así es como acabé de pie frente a un pizarrón en una sala vacía de quinto grado mirando fijamente filas a las que la profesora de Chase se refiere como “Números” .

Estaba un poco temblorosa en el pizarrón mientras la profesora de Chase estaba detrás de mí, sentada en su escritorio, usando una voz suave para tratar de ayudarme a entender la “Nueva forma en que enseñamos las divisiones grandes”. Por suerte, no tuve que desaprender mucho porque nunca entendí la “vieja manera de la división grande.” Tardé una hora entera para completar un problema, pero puedo decir que igual le gustaba a la profesora. Ella solía trabajar con la NASA, así que obviamente tenemos mucho en común.

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Después, nos sentamos durante unos minutos y hablamos de enseñar a los niños y de toda la confianza y responsabilidad que implica. Acordamos que materias como matemáticas y la lectura son las cosas más importantes que se aprenden en un aula. Hablamos de moldear pequeños corazones para convertirse en colaboradores de una gran comunidad – y hablamos de nuestro sueño mutuo de que esas comunidades podrían estar compuestas de individuos que sean amables y esforzados por encima de todo.

Y entonces ella me dijo esto.

Todos los viernes por la tarde la profesora de Chase les pide a sus alumnos que saquen un pedazo de papel y escriban los nombres de cuatro niños con los que les gustaría sentarse la semana siguiente. Los niños saben que estas solicitudes pueden ser o no ser honradas. Ella también pide a los estudiantes que nombren a un estudiante que creen que ha sido excepcional en el aula esa semana. Todas las papeletas son entregadas en forma privada a ella.

Y cada viernes por la tarde, después que los estudiantes se van a casa, la profesora saca esos papelitos, los coloca en frente de ella y los estudia. Ella busca patrones.

¿Quién no está siendo solicitado por nadie?

¿Quién nisiquiera sabe a quién solicitar?

¿Quién nunca se nota lo suficiente como para ser nominado?

¿Quién tuvo un millón de amigos o no tuvo ningún amigo la última semana?

Como ves, la profesora no está buscando un nuevo plano de asientos ni al alumno que mejor se comportó. Está buscando a niños solitarios. Está buscando a niños que tienen dificultades para conectarse con otros niños. Está identificando a los pequeños que están cayendo por las grietas de la vida social de la clase. Ella está descubriendo qué talentos están pasando desapercibidos por sus compañeros. Y se da cuenta -de inmediato- quién está siendo intimidado y quién está haciendo la intimidación.

Como profesora, madre y amante de todos los niños – pienso que esta es la estrategia más brillante que he visto en mi vida. Es como tomar una radiografía de un aula para ver bajo la superficie de las cosas y los corazones de los estudiantes. Es como explotar oro – El oro son los pequeños que necesitan un poco de ayuda – que necesitan adultos que intervengan y les enseñen cómo hacer amigos, cómo pedir a otros jugar con ellos, cómo unirse a un grupo, o cómo compartir sus talentos con los demás. Y es un freno al “bulling” o intimidación porque cada maestro sabe que la intimidación suele ocurrir fuera de su vista – y muchas veces los niños siendo intimidados tienen susto de compartirlo. Pero como ella dice – la verdad se descubre en esas seguras, privadas, y pequeñas hojas de papel.

Mientras la profesora de Chase me explicaba esta simple e ingeniosa idea – la miré con la boca abierta y le pregunté “¿Cuánto tiempo has estado usando este sistema?”,
Desde la masacre del la escuela de Columbine, me dijo. Todos los viernes en la tarde desde Columbine.

Oh Dios.

Esta brillante mujer sabe que toda la violencia comienza con la desconexión. Toda la violencia externa comienza como soledad interior. Ella sabe que los niños que no están siendo notados eventualmente van a recurrir a ser notados por cualquier medio necesario.

Y, por lo tanto, decidió empezar a luchar contra la violencia temprano y con frecuencia, y con el mundo a su alcance. Lo que la profesora está haciendo cuando se sienta en su aula vacía para estudiar esas listas escritas por niños de 11 años – es salvar vidas. Yo estoy convencido de ello. Ella está salvando vidas.

Y lo que esta matemático ha aprendido durante el uso de este sistema es algo que realmente ya sabía: Que todo – incluso el amor, aún la pertenencia – tiene un patrón. Y Ella encuentra los patrones a través de esas listas – Ella rompe los códigos de desconexión. Y entonces le da a los niños solitarios la ayuda que necesitan. Es matemáticas para ella. Es Matemática.

Todo es amor – Incluso las matemáticas. Increíble.

La profesora de Chase se retira este año – después de décadas de salvar vidas. Qué manera de pasar una vida: la búsqueda de patrones de amor y soledad. Alterando la trayectoria de nuestro mundo.

Ustedes, profesores, son la mejor y la única esperanza que tenemos para un mundo mejor. Lo que haces en esos salones cuando nadie está mirando – es nuestra mejor esperanza.

Los profesores, tienen a un millón de padres detrás susurrando juntos: “No nos importan las pruebas estandarizadas. Sólo nos importa que le enseñen a nuestros hijos a ser valientes y amables. Y les agradecemos. Les agradecemos por salvar vidas.”

 

 

La historia fue escrita en ingles por Glennon Doyle Melton autor del libro Carry On, Warrior: The Power of Embracing Your Messy, Beautiful Lif

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