Por Alvaro Valenzuela
6 julio, 2016

“Mi hijo no sólo no practica deportes… tampoco los ve. ¡¡CIELOS!! Lo sé, es una tragedia ¿no cierto?…”.

Kerry Foreman es una psicoterapeuta, bloguera y oradora estadounidense que suele hablar de temas relacionados con la educación y los hijos en su sitio Grounded. Ella está casada y es madre de dos hijos. En la siguiente columna de opinión, que rápidamente se hizo viral en las redes sociales, trata el tema de los deportes y los hijos. En las escuelas y, en la sociedad occidental en general, suele suceder que los niños que no practican deportes suelen quedar marginados y es justamente este tema lo que cuestiona Foreman. Intentando rescatar el valor de inculcarle a los niños la motivación por las cosas que les gusten y no obligarlos a, por ejemplo, practicar un deporte simplemente para entrar en un molde que no siempre les acomoda.

Aquí te damos una traducción de lo que escribió:

Una visita al doctor, dentista, una función de la escuela o a cualquier lugar realmente te alertará del hecho que las personas no saben cómo hablarle a tu hijo si no practica deportes. Nuestra sociedad está programada en una forma en que quién no practica deportes es anormal. ¿Qué le podemos decir a un chico si no le podemos preguntar acerca de fútbol americano, básquetbol o fútbol?

Mi hijo no sólo no practica deportes… tampoco los ve. ¡¡CIELOS!! Lo sé, es una tragedia ¿no cierto?

Mi hijo tiene una empatía profunda y permanente por los demás. Mi hijo tiene un pensamiento crítico. Mi hijo está constantemente cuestionando al mundo. Mi hijo no es una pregunta de alternativas. Mi hijo tiene una sed por saber más sobre el espacio in. Pero el mundo no tiene más preguntas para él que “¿y… tú juegas básquetbol?

¿EN SERIO? Este chico de 13 años, que podría cambiar el mundo, tiene que constantemente responder que no está interesado en los deportes. ¿Podemos hacer algo mejor?

Hasta los 11, lo vi recoger césped de la cancha de beisbol. Lo vi correr con muy poco entusiasmo por una cancha de básquetbol y hacer barra por sus compañeros de equipo cada vez que anotaban. Como buenos estadounidenses, intentamos cada deporte que había, alentándole a estar involucrado y tener que elegir del buffet que nuestro país ofrece.

Las miradas que recibo de las otras mamás cuando digo que le di la opción a los 11 años de practicar deportes o no… son de reprensión. Cómo osé guiarlo y apoyarlo, en vez de moldearlo en la imagen que se espera de nuestros niños. 

Lo entiendo, realmente lo hago… nuestros niños deben seguir un plan para tener éxito  ¿cierto? Creemos que si los involucramos con el deporte, lo practicarán durante la secundaria, ganando popularidad y siendo aceptados durante todo el camino. Esto calma nuestros miedos. La sociedad nos ha inculcado un miedo de que si nuestros hijos no practican deportes no serán aceptados. Que se sentarán a no hacer nada.

Ignoramos las estadísticas detrás de los traumas de cabeza. Ignoramos las estadísticas detrás de cuantos de esos niños siguen practicando ese deporte en la universidad. Ignoramos si nuestros niños están disfrutando. Ignoramos cuál podría ser su verdadera pasión. Ignoramos que los deportes competitivos los mantienen tan ocupados que tienen poco tiempo para hacer otras cosas.

No estoy diciendo que los deportes no tengan ningún valor. Lo tienen. Especialmente si tu hijo o hija ama los deportes. Ellos se esfuerzan, aprenden de ellos mismos, ellos se ponen desafíos y los cumplen. Puras cosas buenas.

Pero si tu hijo o hija no tiene pasión por los deportes, me refiero a una verdadera pasión. ¿Entonces qué estamos haciendo? ¿Por qué no ver más profundamente? ¿Por qué no ver más allá de las expectativas de la sociedad. ¿En qué grado el involucramiento de tú hijo con el deporte no tiene que ver contigo? 

¿Qué tal si intentamos conocer más a nuestros hijos? ¿Qué tal si les preguntamos si querían practicar deportes o conocer sobre robótica, política estudiantil, ciencias forenses o lo que quieran? ¿Qué tal si les decimos ‘quién eres tú y qué quieres’? ¿Qué tal si les decimos que está bien que no te gusten los deportes? ¿Qué tal si les decimos quien quiera que seas es suficiente? ¿Qué tal si dejamos nuestros deseos a un lado y abrimos la puerta para más?

El autoestima que se gana de un padre que dice “tú eres suficiente” tiene un valor inigualable. Ese padre abre la puerta a más. Esos padres aprenden más de sus hijos y sobre ellos mismos. Le debemos a nuestros hijos más que canalizarlos en un sistema en el que no encajan. Si tu hijo no es un atleta… adivina qué. Está bien. Estarán bien. Tú eres suficiente y ellos también.

¿Qué opinas al respecto?

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