Por Camila Cáceres
11 Abril, 2017

Llegar a la viejentud es lo mejor que te puede pasar.

Cuando llegas a una cierta edad, lo que antes te parecía en extremo de vida o muerta ya se te empieza a olvidar. No es un número tanto como un estado mental de (por fin) madurez. Una iluminación de que ya estás demasiado vieja para gastar energía en cosas inútiles. La sensación de estar “fuera de onda” ya ni te afecta.

Y es que no muchos temas te afectan, la verdad. Es una de las cosas más liberadoras que te pueden pasar.

Varios ítems que antes eran demasiado fundamentales en tu vida de pronto te importan un verdadero cuerno.

Por ejemplo:

1. Las opiniones del resto del mundo

Es lo primero en abandonarte. ¿Qué te va a importar cómo te mira una vieja en el transporte cuando vas atrasada a algo que es 300 veces más interesante? Tu cabeza tiene en promedio mil y pico otras cosas de qué preocuparse: las opiniones de desconocidos ni siquiera quedan nominadas al Top Ten de necedades en las que piensas mientras te duchas.


2. Las ridículas reglas de la moda

A estas alturas no sólo desarrollaste tu propio estilo, sino que sabes lo que te gusta y te encanta usarlo. No importa si te dicen que con tu peso no deberías ponerte tal cosa, o que a tu color  de piel le sienta fatal el amarillo: tú lo quieres usar y eso es lo único que importa.


3. Tu ex

Sea uno o sean 20, ya sabes que terminaron por alguna buena razón, y no gastas más lágrimas por algo que simplemente te hizo perder tiempo (a menos que sean de frustración). Ahora miras al futuro y probablemente ya tienes a alguien nuevo en mente, o planes para disfrutar tu soltería.


4. Ser “educada” en la cama

Ya sabes lo que quieres y cómo lo quieres, en qué orden y niveles de intensidad. ¿Para qué ser recatada y sumisa? A menos que estén hablando de fetiches, no tienes paciencia para fingir ser mojigata. 


5. Las relaciones tóxicas

Hay personas que simplemente son malas para ti, se den cuenta o no. Ya no te haces líos para sacarlas de tu vida. Sabes que hay negatividad en la vida que es obligatoria, así que no sufres bullying gratuito.


6. Tus errores

Los errores pasan, son parte de la experiencia humana y aunque a veces te hagan desear que la tierra se abra y te trague, al final les pones tu mejor cara y los enfrentas, porque sabes que es la forma más rápida de darles solución.


7. Encajar con el resto

A estas alturas ya tienes un grupo de amigos que son prácticamente tu familia, así que encajar en cualquier ambiente te la suda un poco. No es que llegues dando patadas, pero hacer amigos ya no está en tus prioridades y mucho menos ser “otro” del equipo. O reconocen lo única que eres, o pueden odiarlo desde lejos.


8. Las redes sociales

Puede que estés en todas las redes sociales o ninguna, pero no haría mucha diferencia. Si alguien te pone un corazón o le “gustas” te importa muy poco. Son medios de comunicación, no los nuevos dioses que dictan tu vida.


9. El cuerpo “perfecto”

El cuerpo perfecto es uno que está sano y te permite hacer tu vida sin dificultades. Las arrugas, canas y piel sobrante son parte del paquete llamado “vida”, y la vida ha sido buena contigo. ¡Te mereces un trozo extra de pizza!


10. Símbolos de estatus

¿A quién le importa si tu labial es MAC o Maybelline? ¿O si tu cartera es realmente Louis Vuitton? No la compraste por la marca, sino porque te gusta, como todo lo que escoges. Tú sabes exactamente cuánto vales y eso es lo único realmente importante.


11. Morderte la lengua

Es que si tratas te envenenas. Estás llena de ideas, honestidad y respeto propio. No importa si son tus abuelos o tus jefes, si alguien te trata de pasar por encima, lo paras de inmediato. Si se te ocurre algo, lo compartes. Y no ves porqué no habrías de hacerlo.


12. Lo que no puedes controlar

El control es una ilusión que no te quita el sueño. No crees en el “poder de atracción” tanto como en la indiferencia esperanzada. Claro que hay algunas cosas que quieres más que otras, pero si no te resultan, no te echas a morir. Sabes que esas cosas pasan y no siempre depende de ti.


13. Lo que te importa un cuerno

Ya tienes claro por qué vale la pena luchar y por qué no, así que escoges bien tus batallas. Ya sabes que en realidad esta lista te hizo reír un poco, pero sólo tú sabes lo que te importa o no.

¡De ti depende disfrutar la vida!