Por Teresa Donoso
12 enero, 2016

Te das cuenta de que la ropa limpia no aparecía por arte de magia doblada y planchada sobre tu cama.

Decidir salir de la casa de tus padres y conseguir tu propio espacio es un gran paso. Puede que lo hayas esperado por mucho tiempo y que hayas estado convencido de que todo sería mejor una vez que no tuvieses que pedir permiso para nada. De hecho, estabas convencido de que poder pasearte en ropa interior, comer lo que quisieras y gastar todo tu dinero en lo que se te viniera la gana sería genial. Aunque si somos honestos… hay muchas cosas que cambian después que llega la primera cuenta.

1. Irse a vivir solo es todo un acontecimiento

2. A veces lo esperas durante mucho tiempo…

3. Y otras veces es el resultado de tus padres sintiendo que ya te aguantaron durante mucho tiempo

4. Sea como sea, aquí comienza tu historia: un par de maletas y el mundo a tus pies

5. Al principio es genial porque tienes toda la libertad del mundo

6. A nadie le importa si dejas tus cosas tiradas por todos lados…

7. Y lo mejor de todo es que puedes ir al baño y no tienes que cerrar la puerta

8. Sin embargo, pronto te empieza a parecer un poco peligrosa la acumulación de ropa sucia, basura y otros en tu living

9. Y te das cuenta que la ropa limpia no aparecía por arte de magia doblada y planchada sobre tu cama…

10. ¡HORROR! Tendrás que lavarla tú mismo

11. Llevar la casa en general no es tan sencillo

12. Entre trabajar (sí, porque necesitas dinero para vivir)…

13. Hacer las compras y ordenar tu casa te queda muy poco tiempo para hacer cosas divertidas…

14. Y cuando te queda, estás demasiado cansado, tal como tu madre, como para salir

15. Descubres que hay cosas que ahora te aterra en las que antes ni pensabas…

16. Como ese ruido que escuchas por las noches o el miedo a que te entren a robar mientras estés durmiendo

17. Como si todo esto no fuese suficiente, además te das cuenta que nadie te cuidará como mamá, especialmente cuando te enfermas y no tienes a nadie que te cocine una rica sopa

18. Además, aprendes que la medicina no crece en el gabinete del baño…

Si te sientes mal tendrás que juntar toda tu fuerza de voluntad e ir a la farmacia

19. Lo bueno es que cuando vives solo aprendes mucho sobre cocina, de hecho, eres capaz de cocinarte algo con sólo tres o menos ingredientes…

Bueno, tenía unos fideos, un huevo y… nutella, que sirvió de postre.

20. Y aunque vives en un constante estado de ahorro (especialmente después de pagar las primeras cuentas) tienes que admitir que esto de la independencia te gusta bastante

Ahora, ¿quién me quiere ayudar a limpiar?

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