Por Valentinne Rudolphy
6 noviembre, 2015

La lucha es intensa para aquellos «bendecidos» por nuestros padres

1. Que al presentarte cambien tu nombre para ahorrarse la molestia

2. Corregir y que no entiendan, así que usan tu nombre «falso»

3. Te encuentras con amigos de tus amigos y es como «¡tú eres la chica del nombre raro!»

4. (Es obvio que al mencionarlo lo dicen mal)

5. Llega un punto en que te da igual y cedes ante el resto

«Llámame como quieras. Qué más da»

6. Comienzan a bromear con algo que suene similar a tu nombre, pero no lo es

– ¿Valentinne? ¿Como el día de San Valentín? ¿En inglés? ¡Ah, como el whisky, Ballantine’s!

– No, ninguna de las anteriores.

7. Que te pregunten: ¿Y de dónde sacaron ese nombre tus padres?

«Debes estar bromeándome».

¿Por qué no los llamamos y le preguntas tú?

8. ¿Cómo es que se pronunciaba tu nombre? (por enésima vez)

«¡Cállate!».

9. «¿Es en inglés? ¿Es en francés? ¿Es en lengua nativa? ¡Yo sí lo conocía!»

10. Quienes adoran tu nombre y te dicen: «¿Por qué dices que te llamas de otra manera?»

11. … Pues realmente es por culpa del resto, no tuya

12. Tener que repetirlo. Sí, de nuevo

13. Que no te encuentren en Facebook porque no lo escribieron bien

14. Cuando te preguntan si tiene algún significado especial

Si te pones creativo puedes contar una buena historia.

15. «¡Qué nombre más extraño! ¿Eres extranjera? ¿De dónde vienes?«

«Te voy a matar».

Lamento decepcionarte, pero no.

16. Cada año cuando tienes nuevos profesores, todos dirán tu nombre de manera distinta

17. Terminas pidiéndote que te llamen por un apodo. Y te preparas para le próximo semestre

18. Siempre habrá un pequeño error en Starbucks

Las pizzerías también se ponen creativas.

19. Ese bello momento en que finalmente lo pueden pronunciar

20. Pero en cada reunión, clase o trabajo la historia se repite. Paciencia

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