Por Andrea Araya Moya
4 noviembre, 2015

A veces lo que más queremos está justo en frente de nosotros

¿Recuerdas que, cuando eras pequeño, veías que todas las cosas eran increíblemente sencillas? ¿que podías tener lo que quisieras y no te costaba? ¿que todo era más simple? ¿Recuerdas esa época? Esa época en la que todo te hacía más feliz.

No te preocupabas tanto por todo. No planificabas cada movimiento que hacías. Te preocupabas de vivir el momento y disfrutarlo al máximo. Procurabas ser, más que hacer. Y eso era lo que siempre te mantenía esa sonrisa que irradiaba alegría a tu alrededor. Porque no veías la dificultad en todo. Te arriesgabas, vivías y sabías apreciar los detalles que la vida te entregaba.

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@nuria

Sin embargo, con el paso de los años, te olvidaste de vivir así. Creciste. Maduraste. Te enfrentaste con diferentes problemas y formas de vida y te diste cuenta de que la única manera en la que tu vida podía funcionar bien era si tomabas el control con tus propias manos. Pero, en lugar de ser y vivir el día a día, comenzaste a planificar cada paso. Cada movimiento. Cada cosa que hacías. Y esa no es la forma correcta de vivir, pues, aunque no lo creas, la vida es mucho más sencilla. Y las cosas son más simples de lo que todos creemos.

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@lynn

Están ahí, frente a ti. Esperando que te des cuenta de que lo que más quieres a veces está ahí, frente a tus ojos. Demasiado cerca como para que lo ignores y busques lo que no puedes alcanzar. Lo que está lejos.

Aprende a valorar eso que tienes en frente. Aprende a disfrutar de los detalles. Aprende a sonreír con lo que tienes. Comprende que todo es mucho más simple. Que todas las batallas que luches serán ganadas si confías más en ti mismo y dejas de esperar ser alguien que no eres.

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@juliana

Sigue adelante. Deja de buscar siempre la mejor alternativa y resuélvete a vivir la vida tal como es. Equivócate si es necesario, pues así aprendes. No todo tiene que llegar a tus manos de inmediato, ni tampoco todo tiene por qué ser tan difícil y triste.

Porque la vida es mucho más sencilla de lo que te imaginas, y no tiene que ser perfecta para ser extraordinaria.

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