Por Emilia García
7 agosto, 2015

1. Estoy rodeada solo de gente que quiero

Los años me han hecho ir siendo cada vez más selectiva, por lo que a esta altura ya solo me rodeo de gente que quiero y que me hace bien. No tengo relaciones por compromiso, no me enredo con gente que sé que no me aporta, ya conozco a las personas y sé quienes quiero estén a mi lado.


2. Gasto mi tiempo a mi manera

Hoy he aprendido a decir que no. En mis veinte me la pasaba haciendo cosas que no quería solo para complacer a la gente, para ser aceptada y para no decepcionar a nadie. Ahora, los pocos ratos libres que tengo debido al trabajo, los gasto haciendo cosas que verdaderamente me hacen feliz. 

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@olya_pevtsova

3. Sé lo que quiero

A estas alturas de mi vida ya me conozco perfectamente. He pasado por todo lo que tengo que pasar y no añoro los tiempos pasados. Todos mis tropiezos y mis errores me han enseñado mucho, y me han hecho llegar a saber perfectamente lo que me gusta, lo que quiero, mis deseos, sueños y metas para el futuro, y ahora tengo más ganas que nunca de alcanzar todo eso.


4. La soledad no es un problema

He pasado toda mi vida rodeada de gente, conociendo personas nuevas en el colegio, la universidad y el trabajo y ahora solo quiero un respiro. Antes la inmadurez, timidez, falta de confianza y ese deseo loco de aprobación me hacía estar siempre acompañada, pero ahora valoro cada minuto de mi soledad para respetar mi voz interior, pensar y reflexionar.

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@caringrande

5. Soy más comprensiva y tolerante

Todo lo que he vivido hasta ahora me ha mostrado muchas caras de la moneda y me ha hecho comprender que mi opinión no es una verdad. Mis experiencias -buenas y malas- me han llevado a ser mucho más comprensiva y tolerante frente a las otras personas, y a quererlas y respetarlas por lo que son y no por las decisiones que toman.

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