Por Luis Lizama
28 julio, 2020

“Es como un nieto que nos cayó del cielo. Ha sido una compañía muy importante. Lo consideramos de la familia», comentó Graciela, a medios locales.

La pandemia nos ha obligado a trabajar juntos, a ser más solidarios y ayudar a quien lo necesita. Se ha repetido hasta el cansancio, que a este virus lo vencemos entre todos, y vaya que tienen razón. Ya sea quedándose en casa, colaborando con adultos mayores o aportando en organizaciones benéficas, todo sirve de una u otra forma.

Roberth, un joven argentino, así lo entendió y quiso tener un rol activo durante la cuarentena. Se inscribió en un programa del gobierno para voluntarios, que iría en ayuda de grupos de riesgo. Así fue como conoció a Graciela y Félix, dos jubilados con lo que formó una muy especial amistad. Se transformó en un nieto que les «cayó del cielo».

Archivo personal

Los ayudó con muchísimas cosas, pero sobre todo con su compañía. Lamentablemente muchos adultos mayores sufren con la soledad, olvidados y marginados por la sociedad. 

Todo comenzó cuando el gobierno argentino decretó la cuarentena nacional, donde se necesitaban voluntarios para ir en ayuda de grupos de riesgos.

Graciela se vio atada de manos y decidió llamar para solicitar a un voluntario, fue cuando llegó Roberth Calla Soto.

Archivo personal

Su misión era asistirlos en cuestiones básicas, como ir de compras, ir a la farmacia o pasear a sus mascotas. Roberth fue mucho más, tanto así que se hicieron grandes amigos. De hecho, lo invitaron a la inauguración de se nuevo departamento.

“Mis dos hijos están en Europa hace 30 años. Y los hijos de mi marido, uno vive en San Luis y los otros en provincia de Buenos Aires.»

Comentó Graciela a medios locales.

Imagen referencial – Pixabay

Roberth forma parte de los casi 40 mil voluntarios inscritos, asignados a los más de 15 mil adultos mayores que necesitaban ayuda. 

Es un chico de 32 años, que vive en Argentina desde hace 10.

“Me enteré en Internet y me pareció una idea muy buena, de ayudar a personas grandes, de poder darles una mano. Me gusta sentirme útil. Una vez quise sumarme a voluntariado de comedores, pero al final no se dio”.

Comenta el joven a medios locales.

Archivo personal

Los asistió en muchísimas cosas, incluso los fines de semana. Se convirtió en un nieto, un familiar y un amigo.

“Es una persona muy educada, muy buena gente. Hasta lo llamó a mi marido para su cumpleaños y le regaló unos llaveros de Perú que guardamos con cariño. Espero que toda la gente haya tenido la misma suerte que nosotros con Roberth. Lo consideramos de la familia”.

Relató Graciela a medios locales.

Un claro ejemplo de que al virus lo venceremos entre todos, colaborando, apoyándonos y siendo responsables.

Así como Roberth, todos deberíamos mirar para el lado y darnos una mano.

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