Por Kat Gallardo
7 agosto, 2017

¿Quién dijo que los cuentos infantiles son sólo fantasías?

Érase una vez (porque esto es un cuento y todos los cuentos empiezan así), un sapo que vivía en una gran piscina. Podría haber sido un sapo como todos, pero cuando te enamoras, crees que ESE sapo es distinto. Ese pequeño y horrible sapo, era todo lo que podían ver los ojos de esta veraniega princesa.

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El Sapo y la Princesa eran felices sin importar sus diferencias. Puedes verlo en sus ojos. No importaba la apariencia, ya que la Princesa siempre pudo ver más allá de todas esas superficialidades y siempre mantuvo la esperanza de que este Sapo se convirtiera algún día en un verdadero Hombre.

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Pero un día, y sin ningún atisbo de compasión o comunicación con la Princesa que tanto lo había querido, el Sapo tomó una decisión. Hace rato había empezado a sentirse como un pequeño y escurridizo anfibio pequeño desagradable. Sentía que nadie más que la Princesa podía verlo con otros ojos y eso ya no era suficiente.

Fue así como este Sapo se hizo una cuenta en Tinder y arregló todo para tener una cita en un pantano, con una Bruja (porque no puede haber un cuento sin pantano y sin bruja).

Y así fue como el pobre Sapo engañó a la Princesa y la dejó con el rostro como en la foto que verán a continuación. No de por vida, pero al menos durante el tiempo que tarde en recuperarse. Pero no importa, porque la Princesa jamás volverá a confiar de la misma forma en ningún otro sapo y el Sapo, por su parte, jamás podrá convertirse en un Hombre. Porque los hombres de verdad no andan con estupideces, como este arrastrado y libidinoso Sapo.

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FIN.

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