El hombre de 37 años asegura que no es un fetiche, y que desde su infancia se sentía más como un perro que como un humano.

Todos sabemos que hay personas que nacen con un género pero jamás se han sentido identificados con él. Por eso deciden vivir sus vidas como mejor les parezca, aún cuando existen un montón de prejuicios en torno al tema.

Y si algunos piensan que debe ser muy difícil vivir atrapado en un cuerpo que no te representa, imagina cómo debe ser vivir atrapado en otra especie.

Kaz James lo sabe muy bien. Desde pequeño supo que algo extraño pasaba con él. Jamás se sintió humano y en cambio se sentía totalmente identificado con los perros. Por ello nunca fue demasiado sociable con otras personas, al menos no hasta conocer en internet a otra persona como él y entender lo que ocurría.

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Así que ahora, el hombre de 37 años pasó de ser un tímido cachorro a un perro bastante seguro de sí mismo, todo gracias a una comunidad de juegos de perritos en línea y a sus amigos de mente abierta.

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Aunque el comportamiento canino solo lo demuestra fuera de su trabajo de gerente.

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Suele usar trajes de goma personalizados, máscaras, correas para perros, arneses e incluso un traje de piel a medida de 2.600 dólares. Además come en un tazón y saluda a las demás personas con ladridos, tal como si fuera un perro.

“Nunca me sentí como un humano, siempre me sentí como un perro que estaba realmente fuera de lugar. Nunca tuve realmente un nombre para eso, ser un cachorro no era algo que supiera. Cuando conocí a otras personas como yo, sentí que podía ser yo mismo” aseguró el hombre de Salford, Greater Manchester.

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“Estaba increíblemente nervioso cuando comencé a hablar con la gente en línea. Vivía con mis padres y bajaba a escondidas a las tres de la mañana para conectarme a Internet y buscar estas cosas”.

Y entonces comenzó a encontrarle sentido a algunos de sus comportamientos: agarraba el cuello de las camisas de sus amigos con los dientes, los mordía o los lamía por instinto.

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Pero eso no es lo más curioso. A los 18 años se mudó a una casa compartida con amigos e incluso conoció a su primer dueño…

Y desde entonces ha decidido vivir su vida como un cachorro la gran mayoría del tiempo. 

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“Voy y vivo mi vida cotidiana de manera relativamente normal, lo que incluye cosas como ponerme collares y ladrar a las personas que conozco en la calle. No como en las mesas de la gente cuando voy a las casas de amigos. Puedo ser una persona normal en un restaurante, estoy entrenado y puedo tratar con humanos, pero no me gusta, me siento incómodo” explicó.

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Además aprovechó de aconsejarle a las personas interesadas en ser cachorros que lo intenten. Que conozcan a otras personas con los mismos intereses y conversen sobre sus experiencias, y de seguro “al final de la noche estarán en el suelo con pelotas de tenis en la boca”.

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