Por Luis Lizama
13 noviembre, 2020

Hérika Chaves tiene 24 años y es una convencida de que el amor es lo único importante. Conoce de cerca a la comunidad LGBT+ y está luchando por sus derechos. “Las puertas de la iglesia deben estar abiertas a todos, y no a algunos seleccionados”, reclama.

La historia de la hermana Hérika es una historia llena de amor. Las sonrisas, el amor y la felicidad están por sobre los prejuicios. Tiene 24 años y lleva un buen tiempo junto a la iglesia católica, en la ciudad de Sao Paulo (Brasil). Tal como hizo el Papa Francisco hace unas semanas, donde defendió la unión entre personas del mismo sexo, ella también aboga por sus derechos.

“El amor de Dios es respeto. Las puertas de la iglesia deben estar abiertas a todos, y no a algunos seleccionados”, resalta la monja, quien visita bares dedicados a lesbianas y que además  tiene un hermano gay. Conoce a la comunidad LGBT+ desde cerca, por eso intenta acercar ambas posturas y profesar la felicidad.

Archivo personal Hérika Chaves

Su historia con la religión católica comenzó cuando eran apenas unos niños, junto a su hermano dos años menor.

“Pero mi madre nunca fue una gran iglesia, tanto que me bauticé cuando tenía 7 años. Empecé a bailar cuadrilla cuando tenía 8 años, esto es parte de nuestra tradición en Pará.

A los 11 años, mi mejor amigo, que es gay, me pidió que fuera a una reunión de jóvenes de la iglesia. Fui y comencé a me gustó, empecé a ir a muchas, por mi cuenta”.

–comenta la hermana al medio Universa

A pesar de su temprano acercamiento a la iglesia, no fue hasta un tiempo después que se aventuró por el camino de Dios. 

Imagen referencial – Pixabay

A sus 16 años ingresó al convento y a los 20 hizo sus votos. En casa el panorama se tornaba complejo, por la vergüenza que sentía su hermano, de mostrarse abiertamente tal como es.

“Me trasladaron en 2017 y, de hecho, siempre supe que mi hermano era gay, pero comencé a notar comentarios en Facebook de chicos sobre lo guapo que era. Decidí hablar con mi madre, con quien vivía.

Mamá, él es gay y debe estar avergonzado porque yo soy monja. Dile que lo amo más que nada, que es mi hermano, y que lo apoyamos”.

–comenta Hérika–

Archivo personal Hérika Chaves

Desde siempre ha estado junto a la comunidad LGBT, asistiendo a bares (como en la fotografía) y compartiendo como muy pocos religiosos harían. Ella está abogando por los derechos de la comunidad, por sus amigos y familiares.

 Sus ojos se abrieron cuando notó el sufrimiento de su hermano, a quien muchas veces lo llamaron “maricón, gay, bicho”. Así nació su empatía.

Imagen referencial – Pixabay

Ha comentado que muchas veces le ha tocado atender a personas decepcionadas, por el trato que han recibido al ser homosexuales, sobre todo desde el mundo cristiano. 

“Recurro a la palabra de Dios y al pasaje ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo

Dios es amor. Yo quiero ser ese rostro amoroso de Dios. La acogida y las puertas de la iglesia deben estar abiertas a todos, y no a algunos seleccionados ”.

–dice la joven hermana–

El amor siempre ha sido y será lo más importante.

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