Por Simona Villela
12 junio, 2018

Un día como cualquier otro, una mujer fue a retocar su maquillaje.

El baño de mujeres suele convertirse en un santuario para todas aquellas quienes concurren mil veces al día. Y no es que sea una necesidad pero chequear el maquillaje, que tu pelo no sea un desastre o simplemente ir a mirarse al espejo por unos segundos, puede ser realmente satisfactorio.

Un día como cualquier otro, una mujer fue a retocar su maquillaje. Al entrar vio a una chica que estaba haciendo lo mismo con su lápiz labial frente al gran espejo que tenía el baño. 

Todo iba completamente normal hasta que la mujer se paró al frente del espejo, pero notó algo completamente perturbador en él: su cuerpo no se reflejaba. 

Intentó cambiar de posición, moverse de un lado a otro, revisar su ropa, pero nada.. ¡¿Qué diablos?!


Después de permanecer atónita por un par de minutos, otra chica entró, se situó al frente del espejo y arregló su cabello. 

Aún nada…

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¿Te imaginas lo que sucedía?

Era una de las bromas mejor ejecutada que he visto. En realidad no existía espejo, era una muralla en la cual hermanos gemelos idénticos imitaban el actuar de su otro hermano, simulando así, la existencia de un espejo.

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