Por Valentinne Rudolphy
7 diciembre, 2015

Parte del juego es que entremos y salgamos de la vida de otros. Así de simple.

Quisiéramos que nuestros amigos duraran para toda la vida, pero no siempre es así.

Cuando vez una amistad pasar, no puedes evitar sentir un nudo en la garganta. A veces dejas de hablar con alguien porque sí, sin razón aparente. Hay otros casos en los que algo quiebra esa relación, y ya no puedes volver a mirar a esa persona. No puedes volver a sentir la misma confianza. Sólo quieres dejar atrás esa relación. Pero aún recuerdas a la persona, sus chistes, sus modos. Extrañar es inevitable.

Más aún con los días. Parece que una parte de ti se fue, se extinguió. Una amistad es como cualquier otro amor: es igual de intenso, y las pérdidas y rupturas también dolerán. En la vida no siempre tendrás los mismos amigos. Parte de entender eso, es dejar ir.

¿Cómo terminas en esto? ¿Cómo es que con una persona que tenían tanto en común, que compartían tanto? No te enfrasques en buscar razones, el tiempo te dará esas respuestas. Es difícil comprender y soltar el tema, pero es lo mejor que puedes hacer por ti y por la otra persona.

¿Recuerdas los días en que eran amigos? Soñaban un mundo mejor, o salían a fiestas, escuchaban música, eran confidentes. Todos tenemos amigos especiales, que cuando se van, dejan su huella. Un vacío profundo que no sabes como llenar. Nadie es reemplazable en esta vida, pero ten calma. Tal como pierdes a algunas personas, otras más llegarán.

No es un consuelo, es una realidad. Y quizás nunca será igual, pero las personas somos cíclicas: nacemos, crecemos, morimos. Así mismo nos sucede con otros en nuestra vida. En nuestro corto paso por la tierra, habrá tantos que se vayan, como tantos nuevos que lleguen. Debes aprender a conocer y a apreciar a cada persona, sin pensar en lo triste. Disfruta lo que cada momento de nuestra vida nos da. No vivas con recelo, que sólo te hará mal.

¿Esos amigos del colegio que creías eran para toda la vida? De seguro todos se recuerdan con cariño. Es inevitable cuando compartes, cuando develas tu intimidad a otros. Pero, ¿qué vas a hacer, desconfiar para siempre? En esa opción sólo te ahogarás.

Hay amigos que vienen, otros que van, otros que siempre vuelve. Disfruta cada amistad, sin pensar en cuánto durará. 

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