Por Alejandro Basulto
5 junio, 2020

Sufre cada vez que escucha a un repartidor acercándose a su casa.

La pizza debe ser una de las comidas preferidas de muchos. Con masa delgada, gruesa o rellena. Con un queso en especial, o con cualquiera que esté disponible. Con salame, salchichas, chorizo, tocino o mejor una vegetariana. Y hasta puede incluir sabores dulces si uno quiere, como es el caso de la pizza hawaiana que trae piña. Son diferentes las combinaciones que uno puede pedir para este rico plato, que tiene entre sus grandes ventajas, además de sus ricos sabores y la variedad que hay entre ellos, que es rápido y fácil de pedir.

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Sin embargo, hay algunas personas que no estarán felices con esto último. Debido a que a causa de ello, en más de una ocasión habrán recibido pizzas que no pidieron, teniendo que explicar en aquellas situaciones al repartidor que ellos realmente no hicieron el llamado. Pero si hay alguien que de verdad debe estar enojado y molesto con la entrega no solicitada de pizzas, ese es el belga de 65 años, Jean Van Landeghmen, de Turnhout.

«Es en todos los momentos posibles del día. Una vez incluso vinieron aquí para entregar catorce pizzas a la vez»

– contó el belga de 65 años a Het Laatste Nieuws.

Jef Van Nooten

Porque este señor, ha recibido durante los últimos nueve años, pizzas a su casa que no ha pedido. Las que más encima llegan a cualquier hora. Sin olvidar, que llegan de a varias, no siendo solamente una porción la de la entrega, sino que un pedido con muchas pizzas. Lleva casi un década atendiendo el timbre para recibir pizzas que nunca pidió, lo que está muy lejos de ser gracioso, debido a que hasta ya le está costando descansar.

«Ya no puedo dormir. Empiezo a temblar cada vez que escucho una moto de reparto. Y temo que venga alguien a dejarme pizzas otra vez (…) Puede ser entre semana o durante los fines de semana, y en cualquier momento del día. Los pedidos provienen de los restaurantes en Turnhout, pero también de los alrededores. Incluso me han enviado pedidos a las 2:00 de la madrugada (…) Siempre he rechazado las entregas, por lo que nunca he pagado por nada. Es triste, porque les cuesta dinero y tienen que tirar la comida. El día que aparecieron diez entregas, hice los cálculos, salía 450 euros (…) No puedo más. Cuando descubra quién me ha estado molestando durante los últimos nueve años, no será su mejor día»

– explicó Jean Van Landeghmen.

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Tras tanto tiempo recibiéndolas, aún no sabe quién es la persona que está detrás de esta mala broma. A pesar de que ha denunciado el hecho incontables veces a la policía, sin recibir hasta el momento alguna respuesta favorable.

 

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