Por Alejandro Basulto
2 febrero, 2021

“Es un testimonio, quería explicar que la gente estaba sufriendo sin mostrarlo. Es un poco rebelde”, explicó Frédéric Boudjemaa, de 43 años, sobre su texto lleno de experiencias, de sufrimiento y soledad.

Desde que tiene 18 años que el francés, Frédéric Boudjemaa, de 43 años, vive en las calles de la ciudad de Grenoble. Un hombre que creció bajo el cuidado de la Dirección Departamental de Salud y Asuntos Sociales, pasando por 27 hogares hasta quedarse sin ninguno. Pasó a ser parte de quienes se encuentran en la indigencia, sin un techo propio o prestado al que acudir.

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Han sido muchos los años que han transcurrido desde que se instaló junto a sus perros, Nanouk y Cradock, al lado de la biblioteca Saint-Bruno. Hombre que desde hace mucho tiempo, 25 años, ha sufrido en primera persona, la soledad que se vive en las frías calles de su país. Lo que también lamentablemente, ha tenido que padecer doblemente como testigo.

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Con el frío amenazante haciendo doler la totalidad de su carne, mientras que el único alojamiento de emergencia al que puede acceder, son unas pequeñas cabañas que debería compartir junto a otras tres personas. Eso no va con él. Mucho riesgo y promiscuidad. Y así, sigue viviendo y haciéndole frente a una pandemia que ante sujetos como él, es aún más cruel y fatal que lo que es con otros. Experiencias de vida que para darlas a conocer y eliminar prejuicios, narró en su diario. Un libro que nos enseña lo difícil y duro que es no tener un hogar en el que cobijarse.

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“Soy parte de las murallas de Saint-Bruno. No hay una persona que no venga a saludar. Es lindo. Equilibra el corazón. Reaviva la antorcha (….) Estas son las experiencias de sufrimiento y soledad que tuve que afrontar. La vida misma es lúgubre, y en muchos sentidos (…) Es un testimonio en el sentido de que quería mostrar que la gente estaba sufriendo sin mostrarlo. Es un poco rebelde (…) Es imposible que abandone a mis animales. Están conmigo y se quedarán conmigo pase lo que pase. Si tengo que quedarme afuera porque no quieren a mis perros, me quedaré. Afuera (…) La calle, se impone. No es una elección al principio. Y al final, se convierte en una. Quiero desatar nuestras lenguas, para demostrar que no hay, no son los vagabundos los que quieren permanecer fuera. Por mi parte, estaría mejor con una casa”.

– expresó Frédéric Boudjemaa, en una entrevista con France 3

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Este cuarentón sin hogar todavía tiene un gran anhelo. Un sueño que busca hacer realidad. Quiere reparar una granja para criar y vivir ahí junto algunos animales, como sus queridos compañeros perrunos, Cradock y Nanouk, a los que busca darles una vida más cómoda y feliz. Y mientras, demostrando todavía tener talentos, se ha desempeñado durante el encierro como una especie de trabajador social, socorriendo y animando a sus excluidos vecinos. Gente que como él, espera algún día tener un lugar en el que puedan dormir tranquilos y plácidamente.

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