Por Constanza Suárez
8 enero, 2018

“Tener que explicar que no estaba realmente embarazada era lo suficientemente malo, pero también sabía que probablemente no encajaría en el asiento que me ofrecieron”, dijo.

Fay Marshall es una chica de 23 años, del norte de Londres, que en un momento llegó a pesar 133 kilogramos. Tener sobrepeso para ella era muy difícil, por lo que decidió que debía cambiar su vida. Pero a diferencia de muchos, lo que realmente la motivó fue una razón bastante particular: las redes sociales.

Cuando estaba en su punto más alto de obesidad, a Fay le aterrorizaba que su fotografía pudiese aparecer en las redes sociales. “Odiaba verme a mí misma en las fotos y la idea de que las imágenes que no me gustaban aparecieran en Facebook u otro canal de redes sociales era horrible; me avergonzaba incluso de pensarlo. Llegó a un punto en el que dejé de salir con mis amigos para evitarlo”, confesó la chica.

Slimming World


“Era un círculo vicioso. Cuanto más grande era, menos confiaba en salir, así que me quedaba y comía en secreto. Mi confianza tocó fondo en ese punto. Me acostaba temprano, me levantaba tarde y realmente no salía mucho de la casa “, contó Fay.

Slimming World

Sin embargo, en enero de 2016, luego de haber sido confundida con una mujer embarazada en el metro de Londres, dos veces, Fay se unió a un programa que ayuda a personas obesas a perder peso llamado Slimming World. Desde entonces, ha perdido unos notables 50 kilos. Llegando a ser talla 12, cuando antes era una 22.

Y así se ve ahora:

Slimming World

Fay, que estudia criminología y psicología en la Universidad de Middlesex, ahora ha bajado cinco tallas y ha sido nombrada Mujer del año 2017 en Slimming World. Las cosas para Fay ahora son mucho más fáciles. Se siente más segura de sí misma y disfruta de socializar. “Antes, cada vez que entraba a una habitación, sentía como si todos me miraran y pensaran ‘¡Caramba, es una niña grande!’, confesó.

Slimming World

Desde los 10 años que Fay tenía exceso de peso. Usaba un lazo para el cabello para abrocharse los pantalones porque no podía enfrentar el hecho de tener que comprar una talla tan grande.

Recordando lo que le sucedió en el metro, dos veces, en diciembre de 2015, dijo: “Tener que explicar que no estaba realmente embarazada era lo suficientemente malo, pero también sabía que probablemente no encajaría en el asiento que me ofrecieron”.

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